Como ya expliqué en el
blog hace un tiempito, la pediatra de Peque nos había comentado alguna vez que lo veía barrigón, y que podía ser un síntoma de celiaquía. Aparte de ese, no tiene más síntomas "clásicos" de la enfermedad (diarreas, vómitos, etc.). Hace un par de semanas tuvimos que ir de nuevo a la pediatra por unas lesiones en la piel que han resultado ser una dermatitis atópica. Pero de nuevo lo vio barrigón, así que nos recomendó hacerle un análisis de sangre y confirmar o descartar la celiaquía. Nos dijo que tenía que consultar con el equipo de enfermeros si se "atrevían" a sacarle sangre a un niño pequeño. Por lo visto, en nuestro CAP no tienen que hacer a menudo este tipo de extracciones. A mí el tema me dio cierta inseguridad, porque no tenía ganas de que utilizasen a Peque como conejillo de indias. Al final nos llamaron y nos dieron hora para el viernes de la semana pasada.
Fuimos al CAP a las 8,30, y yo estaba hecha un flan. Parece mentira que me dedique a lo que me dedico y que saque sangre a diario...pero claro, cuando el paciente es tu hijo la cosa cambia. Al ver al enfermero me relajé, ya lo conocía y es un chico amable y muy profesional. Durante unos minutos estuvieron examinando las venas de los brazos de Peque para escoger la mejor. Todo ese ratito Peque estuvo tranquilo, mirando como lo manoseaban (de hecho, el día anterior yo había jugado con él a eso, haciendo ver que le ponía un
Smart y que le pellizcaba el bracito.). No sé si sirvió de algo, pero por lo menos no le pilló por sorpresa. Cuando lo tuvieron decidido cogieron una sábana verde y fueron envolviéndole el cuerpecillo, dejando sólo el brazo libre (vamos, lo mismito que hacemos los veterinarios con algunos bichos...). Le decían que lo estaban disfrazando de romano, fueron muy cariñosos. Y ahí él todavía aguantaba el tipo. Pero entonces lo estiraron y ya pilló que algo se le venía encima, así que me miró, me debió ver la cara de circunstancias y se puso a llorar. Al principio me puse justo a su lado, pero tenía su brazo enfrente, y a pesar de currar viendo muuuuchas cosas peores cada día, me puse nerviosa y le pedí a Mr. X que ocupase mi sitio. Me sentía ligeramente mareada, y me puse a los pies de Peque, abrazando sus piernas. El enfermero lo hizo divinamente, conservando la calma a pesar de los berridos y le encontró la vena a la primera. En cuanto acabaron lo liberé de la sábana o me abracé fuerte a él. El disgusto no le duró mucho, todo sea dicho, y de vez en cuando se mira el hematoma y dice "pupa", pero no lo veo yo muy traumatizado (eso sí, otra vez será más difícil pillarlo). Nos despedimos agradeciendo al equipo de enfermería su buen trato y Mr. X me dijo sonriendo: "Peque debe pensar que estamos locos, dando las gracias a todos por haberle hecho pasar un mal rato...". Pues también es verdad...
Los resultados los tendremos la semana que viene.
Pero lo que me ha decidido a escribir este post es un tema que tocó Unaterapeutatemprana en su blog sobre
los derechos de un niño y sus padres en el hospital. Yo agradecí mucho poder estar con mi pequeño, y creo que tanto Mr. X como yo le aportamos cierta calma por estar a su lado. Sin embargo, una anestesista que conozco, clienta mía, y que sabía que teníamos que hacer esta prueba a Peque me dijo: "Si el niño está nervioso y te lo piden, sal de la habitación, te lo digo como profesional y por propia experiencia". Y salvando todas las distancias, a mí también me ha pasado en alguna ocasión en mi trabajo. A veces ves propietarios que además de no poder ayudarte demasiado porque están nerviosos y sufren, tratan a su animal de forma que éste intenta por todos los medios de saltar a sus brazos. Y si les pides probar a hacerlo sin ellos delante, suele ser más sencillo (además, tú te pones menos nervioso sin los ojos del dueño encima). Pero no digo que sea lo norma. Si los enfermeros que atendieron a mi hijo me hubiesen pedido que saliese, creo que lo habría hecho.
Mi conclusión es que, si después de intentar llevar a cabo un procedimiento estando con el niño, no hay manera y los sanitarios nos piden intentarlo a solas con él, puede ser una buena opción. Eso sí, es fundamental que los profesionales te inspiren confianza y traten al niño con cariño y respeto, cosa que, a pesar de parecer ridículo de lo obvio que es, no siempre se cumple (y si no, leed el post de Unaterapeutatemprana y la experiencia de la mamá a la que hace referencia, con gente así no dejo yo mi hijo ni de coña).