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jueves, 4 de octubre de 2012
Verde que te quiero verde
Ayer, por un mal alineamiento planetario, no me iba nada bien ir al súper a comprar. Sólo me faltaban un par de cosas y Mr. X se ofreció a ir él a por el avituallamiento. Tenía mis reticencias, pero opté por darle un voto de confianza. En general prefiero ir yo, porque me ciño a la lista (con lo que evito comprar guarradillas hipercalóricas varias y gastarme más euros de los planeados) y porque así me aseguro de que compro exactamente lo que quiero. Mi lista decía claramente: bróquil y gazpacho. Peque lleva unos días con bastante estreñimiento, y he decidido incluir más verdura en su dieta (como a mí no me mola mucho, no me lo curro como debería, mala madre, más que mala madre). Antes de irme a currar, instruí -inútilmente- a Mr. X con detenimiento en los misterios de la horticultura ("bróquil, mi amor, no brócoli, ¿eh?") para que no se me equivocase de vegetal.
A media mañana Mr. X me envía un mensaje: "Me he olvidado del gazpacho". Genial, lo envío a por dos cosas, y se olvida una. Es que...(bueno, vale, va, admito que en general es bastante apañao, pobrecito mío). Al llegar al mediodía a casa, abrí la nevera con curiosidad y...¿qué me encontré? Un hermoso y verdote brócoli. Vale, que el bróquil y él son primos hermanos, pero es que a mí el brócoli no me gusta. Y ayer Peque y yo cenábamos juntos, así que mi plan era comer lo mismo.
Nota aclaratoria (que sé que más de uno se confunde). Bróquil:
Brócoli:
Hice de tripas corazón y decidí cocinar mi estupendo brócoli de la forma más apetitosa posible. Mientras lo limpiaba vi una cosita diminuta entre sus ramas, la rasqué con el cuchillo preguntándome :"¿Es? ¿No es?" y sí, era un gusanito (lamentablemente cercenado por mi exploración cuchillo en mano). Qué asquito...Si ya tenía pocas ganas de comérmelo, mi apetencia por la verdura en cuestión descendió bajo cero. "Bueno -me decía- no tienen porqué haber más habitantes, lo voy a limpiar y cocinar bien y listos". Pero aquello hacía chup-chup en el cazo y la imagen del gusanito mutilado me taladraba la sesera. Guardé el resto de brócoli en la nevera y vi que otro invertebrado amigo pululaba por la pared de mi frigorífico. Y pensé: "A ver, Peque aún no sabe lo que es un gusano en la comida, si lo encuentra igual ni lo identifica...y si se lo come, son proteínas al fin y al cabo...Decidido, el brócoli pal niño". Una vez cocido le hice la autopsia para asegurarme de que no tenías más polizontes y lo preparé salteado con mantequilla y orégano (mira, Yo misma, ya tienes tu receta, jajaja).
Pero no hubo éxito en la gesta. Peque se comió el pescadito a la plancha, pinchó un cacho verdura, lo escupió y me dijo: "Qué asco…¡come mamá!". Claro y meridiano, este niño ha salido a su madre. Y yo, para dar un magnífico ejemplo a mi vástago le dije: "Sí, cariño, luego se lo come mami", mientras esperaba un despiste de mi churumbel para correr a la cocina y deshacerme del cuerpo del delito.
Nota mental: No dejar a Mr. X hacer la compra.
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