Mostrando entradas con la etiqueta Lactancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lactancia. Mostrar todas las entradas
miércoles, 1 de agosto de 2012
Mucha teta
Como ya debéis saber de sobras, hoy es el Día Mundial de la Lactancia Materna. Cuando empecé el blog escribí aquí y aquí sobre mi experiencia con la teta. Al empezar a dar el pecho a Peque (exitosamente, por suerte), fue un poco por darme la oportunidad de vivir la experiencia. A priori no me parecía un drama que no pudiese establecer la LM y que tuviese que recurrir a la artificial, pero después de meterme de lleno en el tema y leer blogs y libros apasionantes sobre el asunto, me di cuenta de lo poquísimo que sabía sobre ello y de lo afortunados que éramos Peque y yo de disfrutar tanto de nuestros momentos de amamantamiento. Cuando me entero de que alguna mujer de mi alrededor espera un bebé, le recomiendo de corazón que le dé esa oportunidad a su cuerpo y a su vida y la de su pequeño.
Como no podría ser de otra manera, Peque y yo tenemos un montón de historietas que contar sobre nuestra lactancia, pero hay una que me encanta recordar.
Mi niño, para tocar un poco lo que no suena, decidió de bien pequeñito que odiaba ir en coche. Mira que me habían explicado de bebitos que cuando no podían dormir eran paseados en coche por sus desesperados padres para intentar adormecerlos...Pues con Peque era justo lo contrario, a la que husmeaba que lo íbamos a poner en el coche empezaba a berrear a veinte mil decibelios. Yo me exasperaba, y Mr. X ni te cuento, conducir con esa banda sonora era poco menos que una tortura china de las chungas. Por esa razón, y hasta hace bien poquito, yo siempre tenía que viajar detrás con él para entretenerlo con lo que se me ocurriese (espectáculo de marionetas de dedo, cancionero variado multilingüe, juegos de luces psicodélicos...). Y comencé a ponerle el chupete precisamente por eso, porque era de las poquitas cosas que le calmaba (ahora cualquiera se lo quita, ¡ja!). De biberones e inventos raros de esos, nunca quiso saber nada, así que no eran una opción. El caso es que un día, volviendo de un lugar relativamente lejano, y creyendo (ilusos de nosotros) que haciendo coincidir el viaje con la siesta el pequeño vociferador aguantaría tranquilo, de repente se despertó de su modorra, y al verse atrapado en el Maxi-Cosi infernal, entonó la madre de todas las lloreras. No había quien lo callara, y tras diez minutos de angustia sideral, se me ocurrió intentar darle teta. Me solté el cinturón de seguridad (mal hecho, lo sé, pero si me para un poli en ese momento soy capaz de enviarlo a cagar al campo), saqué mi rebosante ubre de la camiseta, y en un alarde de contorsionismo digno de un fakir, le enchufé la teta en la boca. Y aquí paz y después gloria. En esa pose tan seductora me tiré el resto del camino, y al salir del vehículo no era persona (estuve caminando raro un par de días...), pero mi niño, por una vez, bajó sonriente y feliz del coche, con un churretón de rica leche deslizándose por la boquita...
lunes, 12 de diciembre de 2011
Nuestra lactancia. Segunda parte.
Dejamos la historia en que me quedaba poquito para reincorporarme al trabajo y no sabía muy bien cómo organizarme...
Durante el verano intenté dar a Peque algún biberón con mi leche (por si me tenía que ir a algún sitio y dejarlo con alguien), pero el tema bibe no le interesaba demasiado, así que no insistí. La pediatra me había comentado que a partir de los cuatro meses podíamos comenzar con las papillas, y mi idea era sacarme leche para que durante las horas que estuviese fuera pudiese aguantar con alguna papilla o mi leche a cucharadas. No le daba papillas cada día, pero de tanto en tanto le daba una para que se acostumbrase al procedimiento y no fuese difícil dársela cuando yo no estuviese. Por otro lado comencé a planear mi aprovisionamiento de leche materna...y empezó mi breve idilio con el sacaleches. El primero que tuve era uno manual. Conseguía sacar leche, pero costaba un carajo y me cansaba mucho. Decidí comprarme uno eléctrico. Mucho mejor. Ahora bien, creo que nunca llegué a pillarle el tranquillo, porque había días que sacaba bastante y otros que era poquísimo (intenté buscar cuándo me iba mejor, si antes o después de que mamase Peque, si de un pecho o los dos, etc., pero aún así no conseguía unas cantidades espectaculares). De cualquier modo, congelé unas cuantas bolsas y con eso se le hicieron las primeras papillas. Al empezar a currar Peque tampoco estaba sin mí tantas horas (tres por la mañana y tres por la tarde, y no todos lo días), así que yo seguía dándole pecho muchas veces al día, y cuando se me acabó la reserva de leche materna congelada, entre el trabajo (allí era inviable sacarme), que yo ya le daba muchas tomas y que en casa iba a tope, decidí que las papillas se las tomase de leche maternizada. Me costó un poco tomar la decisión, pero Peque ya tenía seis meses, y al fin y al cabo sólo era una toma al día...Él no le hizo ascos a la leche de bote y yo seguí con la teta a diario.
Ahí la gente ya comenzaba a flipar de que siguiese dándole el pecho y, aún más, de que no tuviese previsto ponerle fin. Y si eso ya era así a los seis meses, cuando pasaron las semanas y comenzaron a salirle los dientes y a comer sólido, ya fue la repanocha. Como explicaba en el otro post, no eran comentarios hirientes, pero sí continuos. Una amiga mía (que había dado teta hasta los 10 meses) me decía: "Piensa que cuando hable y esté jugando con sus amigos, de pronto te mirará y te pedirá teta!". Tendría que haberle contestado :"¿Y?". Pero me daba cuenta de que mi entorno no entendía mi forma de actuar. A eso se sumó otro factor. Peque es muy demandante, y por él hubiese estado enganchado a la teta todo el día. Lo que yo llevaba peor era la noche. De más bebito no se movía tanto y podía darle estirada sin mucho problema, pero poco a poco él iba cogiendo poses más raras, y yo también. Me levantaba con un dolor de espalda tremendo (tengo una escoliosis de caballo). Lo acostumbré a mamar encima mío en vez de ponerme yo de lado, y fue bien durante unos días, pero al final me despertaba con la sensación de estar debajo del culo de un hipopótamo porque se quedaba frito encima mío...En ese punto quise desacostumbrarlo a mamar por la noche (y también a asociar el ir a dormir con mamar, porque eso implicaba que sólo yo podía ponerlo a dormir). De modo que algunas noches (no siempre) lo puse a dormir sin darle el pecho, con mimos y canciones, y de madrugada hacía lo mismo. También comencé a usar más el chupete, que nunca le había entusiasmado, para relajarlo y evitar que me pidiese teta. Algunas veces funcionaba y otras no (y si no iba bien, le daba pecho y listos).
Cuando Peque tenía un año fui a la revisión del ginecólogo. Al decirle que aún daba pecho me dijo :"¿¿Y eso??". Le contesté que me había salido un bebé teta-adicto...Me explicó que no podía palparme los pechos porque con la leche no era fiable, que volviese al dejar la teta. Otro que me miraba como si fuese de Marte...
El fin de la lactancia llegó justo al llegar el verano. Como el año anterior, nos desplazamos a la casa del pueblo. Se sumaron diferentes factores que hicieron que las tomas disminuyeran mucho: pasaba menos horas con Peque (porque al estar en el pueblo tenía que desplazarme a la ciudad para currar), de día no encontraba el momento para ponerlo al pecho (supongo que me daba corte que me preguntasen qué hasta cuando le daría y esas cosas) y él cada vez pedía menos. Lo curioso fue cómo me di cuenta de que la lactancia se estaba acabando. Un día me estaba duchando y presioné un poco el pezón para ver si salía leche y me sorprendió ver que apenas rezumaban unas gotas en vez de salir un chorrito...De pronto me puse a pensar y vi que ahora Peque mamaba muy poquito...Me dio mucha pena y traté de ofrecerle más el pecho, pero ya no le interesaba. A los catorce meses ya se acabó la teta.
No puedo decir que la culpa del fin de la lactancia sea de los demás, es mía por no haber priorizado mi forma de entender este tema (como sí he hecho con el colecho), pero me doy cuenta de que por mucho que hayan muchas madres que dan el pecho durante años, al menos en mi entorno eso es una minoría absoluta y nada entendida.
Hace poco, en una cena con mis amigas en mi casa, salió el tema de los hijos y la lactancia. Yo dije que de tener otro hijo intentaría darle el pecho más tiempo que a Peque. Ninguna tiene aún bebés, así que quizás cuando se vean en ello les cambie la visión que tienen ahora del tema, como me ocurrió a mí, pero de momento ven con malos ojos la lactancia prolongada. Ven raro que una madre quiera seguir dando el pecho durante años, como si -volviendo a lo que nos dio a entender la matrona de las clases de preparación al parto- la madre que prolonga la lactancia pretendiese prolongar también el vínculo bebé-madre. Como si la madre no quisiera asumir que su bebé crece, o como si pretendiera ofrecerle algo en exclusiva para que su relación sea también exclusiva. No sé, no comparto ninguno de esos argumentos. Como no entiendo ahora, según mi experiencia, el consejo que nos dio ésa matrona. "Tenéis que saber romper el vínculo". Por una parte, no creo que el vínculo con mi hijo se fundamente únicamente en la lactancia materna, y por otro, ojalá no se rompa jamás el vínculo que me une a él. Y eso no significa que no lo quiera ver libre, feliz, independiente y compartiendo su vida con otras muchas personas. Desde bebé me ha gustado verlo en brazos de sus primos, tíos, abuelos...Intento animarle a explorar y descubrir el mundo, no pretendo ser el centro de su universo, aunque ahora que es tan bebé, su padre y yo en el fondo sí lo seamos. En definitiva, creo que hay muchos falsos mitos sobre la lactancia materna que deben desterrarse, y aún nos queda camino para que la gente vea que dar el pecho a tu hijo, aunque ya tenga tres añazos, coma de todo y tenga una dentadura blanca y reluciente, es el mejor regalo que puedes ofrecerle.
Durante el verano intenté dar a Peque algún biberón con mi leche (por si me tenía que ir a algún sitio y dejarlo con alguien), pero el tema bibe no le interesaba demasiado, así que no insistí. La pediatra me había comentado que a partir de los cuatro meses podíamos comenzar con las papillas, y mi idea era sacarme leche para que durante las horas que estuviese fuera pudiese aguantar con alguna papilla o mi leche a cucharadas. No le daba papillas cada día, pero de tanto en tanto le daba una para que se acostumbrase al procedimiento y no fuese difícil dársela cuando yo no estuviese. Por otro lado comencé a planear mi aprovisionamiento de leche materna...y empezó mi breve idilio con el sacaleches. El primero que tuve era uno manual. Conseguía sacar leche, pero costaba un carajo y me cansaba mucho. Decidí comprarme uno eléctrico. Mucho mejor. Ahora bien, creo que nunca llegué a pillarle el tranquillo, porque había días que sacaba bastante y otros que era poquísimo (intenté buscar cuándo me iba mejor, si antes o después de que mamase Peque, si de un pecho o los dos, etc., pero aún así no conseguía unas cantidades espectaculares). De cualquier modo, congelé unas cuantas bolsas y con eso se le hicieron las primeras papillas. Al empezar a currar Peque tampoco estaba sin mí tantas horas (tres por la mañana y tres por la tarde, y no todos lo días), así que yo seguía dándole pecho muchas veces al día, y cuando se me acabó la reserva de leche materna congelada, entre el trabajo (allí era inviable sacarme), que yo ya le daba muchas tomas y que en casa iba a tope, decidí que las papillas se las tomase de leche maternizada. Me costó un poco tomar la decisión, pero Peque ya tenía seis meses, y al fin y al cabo sólo era una toma al día...Él no le hizo ascos a la leche de bote y yo seguí con la teta a diario.
Ahí la gente ya comenzaba a flipar de que siguiese dándole el pecho y, aún más, de que no tuviese previsto ponerle fin. Y si eso ya era así a los seis meses, cuando pasaron las semanas y comenzaron a salirle los dientes y a comer sólido, ya fue la repanocha. Como explicaba en el otro post, no eran comentarios hirientes, pero sí continuos. Una amiga mía (que había dado teta hasta los 10 meses) me decía: "Piensa que cuando hable y esté jugando con sus amigos, de pronto te mirará y te pedirá teta!". Tendría que haberle contestado :"¿Y?". Pero me daba cuenta de que mi entorno no entendía mi forma de actuar. A eso se sumó otro factor. Peque es muy demandante, y por él hubiese estado enganchado a la teta todo el día. Lo que yo llevaba peor era la noche. De más bebito no se movía tanto y podía darle estirada sin mucho problema, pero poco a poco él iba cogiendo poses más raras, y yo también. Me levantaba con un dolor de espalda tremendo (tengo una escoliosis de caballo). Lo acostumbré a mamar encima mío en vez de ponerme yo de lado, y fue bien durante unos días, pero al final me despertaba con la sensación de estar debajo del culo de un hipopótamo porque se quedaba frito encima mío...En ese punto quise desacostumbrarlo a mamar por la noche (y también a asociar el ir a dormir con mamar, porque eso implicaba que sólo yo podía ponerlo a dormir). De modo que algunas noches (no siempre) lo puse a dormir sin darle el pecho, con mimos y canciones, y de madrugada hacía lo mismo. También comencé a usar más el chupete, que nunca le había entusiasmado, para relajarlo y evitar que me pidiese teta. Algunas veces funcionaba y otras no (y si no iba bien, le daba pecho y listos).
Cuando Peque tenía un año fui a la revisión del ginecólogo. Al decirle que aún daba pecho me dijo :"¿¿Y eso??". Le contesté que me había salido un bebé teta-adicto...Me explicó que no podía palparme los pechos porque con la leche no era fiable, que volviese al dejar la teta. Otro que me miraba como si fuese de Marte...
El fin de la lactancia llegó justo al llegar el verano. Como el año anterior, nos desplazamos a la casa del pueblo. Se sumaron diferentes factores que hicieron que las tomas disminuyeran mucho: pasaba menos horas con Peque (porque al estar en el pueblo tenía que desplazarme a la ciudad para currar), de día no encontraba el momento para ponerlo al pecho (supongo que me daba corte que me preguntasen qué hasta cuando le daría y esas cosas) y él cada vez pedía menos. Lo curioso fue cómo me di cuenta de que la lactancia se estaba acabando. Un día me estaba duchando y presioné un poco el pezón para ver si salía leche y me sorprendió ver que apenas rezumaban unas gotas en vez de salir un chorrito...De pronto me puse a pensar y vi que ahora Peque mamaba muy poquito...Me dio mucha pena y traté de ofrecerle más el pecho, pero ya no le interesaba. A los catorce meses ya se acabó la teta.
No puedo decir que la culpa del fin de la lactancia sea de los demás, es mía por no haber priorizado mi forma de entender este tema (como sí he hecho con el colecho), pero me doy cuenta de que por mucho que hayan muchas madres que dan el pecho durante años, al menos en mi entorno eso es una minoría absoluta y nada entendida.
Hace poco, en una cena con mis amigas en mi casa, salió el tema de los hijos y la lactancia. Yo dije que de tener otro hijo intentaría darle el pecho más tiempo que a Peque. Ninguna tiene aún bebés, así que quizás cuando se vean en ello les cambie la visión que tienen ahora del tema, como me ocurrió a mí, pero de momento ven con malos ojos la lactancia prolongada. Ven raro que una madre quiera seguir dando el pecho durante años, como si -volviendo a lo que nos dio a entender la matrona de las clases de preparación al parto- la madre que prolonga la lactancia pretendiese prolongar también el vínculo bebé-madre. Como si la madre no quisiera asumir que su bebé crece, o como si pretendiera ofrecerle algo en exclusiva para que su relación sea también exclusiva. No sé, no comparto ninguno de esos argumentos. Como no entiendo ahora, según mi experiencia, el consejo que nos dio ésa matrona. "Tenéis que saber romper el vínculo". Por una parte, no creo que el vínculo con mi hijo se fundamente únicamente en la lactancia materna, y por otro, ojalá no se rompa jamás el vínculo que me une a él. Y eso no significa que no lo quiera ver libre, feliz, independiente y compartiendo su vida con otras muchas personas. Desde bebé me ha gustado verlo en brazos de sus primos, tíos, abuelos...Intento animarle a explorar y descubrir el mundo, no pretendo ser el centro de su universo, aunque ahora que es tan bebé, su padre y yo en el fondo sí lo seamos. En definitiva, creo que hay muchos falsos mitos sobre la lactancia materna que deben desterrarse, y aún nos queda camino para que la gente vea que dar el pecho a tu hijo, aunque ya tenga tres añazos, coma de todo y tenga una dentadura blanca y reluciente, es el mejor regalo que puedes ofrecerle.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Nuestra lactancia. Primera parte.
Como en tantos otros temas, mi percepción de la lactancia antes de tener a mi Peque y después de haber dado el pecho son diametralmente opuestas…
Hace unos cuatro años fuimos a visitar a una amiga de Mr. X que tenía un bebito de poco más de un año. Era un bichillo, corría por todas partes y comía de todo, así que cuando su madre nos explicó que aún le daba el pecho me pareció chocante. No conocía a nadie que hubiese amamantado durante tanto tiempo, pero tampoco me parecía mal, sólo extraño.
Estando embarazada tenía claro que quería dar el pecho, pero no sabía cuánto tiempo. Unos cuatro o cinco meses, me decía o contestaba cuando me preguntaban. ¿Por qué ese tiempo? Ni idea, supongo que porque es el plazo que dura la baja por maternidad. Durante el embarazo leí algunas cosas sobre la lactancia, pero me interesaba más aprender sobre la gestación en sí misma, así que tenía algunas nociones, pero las justas.
En las clases de preparación al parto la matrona nos explicó cómo dar el pecho, y algunos de los consejos que recibimos entonces, hoy creo que eran erróneos. Recuerdo que al final de la clase nos insistió mucho en un tema. Nos dijo que diésemos el pecho con amor, el tiempo que considerásemos conveniente, pero que supiésemos romper el vínculo cuando fuese oportuno. Creo que se refería a la idea que hay de que la madre que da el pecho durante varios años tiene una especie de relación patológica con su hijo, de exclusividad y sobreprotección quizás. En ese momento pensé que a lo mejor tenía razón, que había que saber "romper el vínculo" para dotar de independencia a tu hijo.
El día que nació Peque llegó el gran momento, y la verdad es que tuve suerte, porque no recuerdo haber tenido ningún problema para ponerlo al pecho. Al principio se hacía un poco el remolón, le costaba un pelín engancharse (sobre todo a mi pezón derecho, que es algo más pequeño), pero en pocas tomas le pilló el tranquillo. Tampoco tuve grietas. Sí es cierto que las primeras semanas tenía los pezones un poco sensibles y que justo cuando Peque se cogía para mamar me dolían un poco, pero con el tiempo ese dolorcillo desapareció. Cuando salimos del hospital aún no había tenido la subida de la leche como tal, pero él ya había empezado a recuperar peso, así que algo de leche sí que salía. La pediatra del hospital donde parí me aconsejó iniciar una lactancia a demanda durante un par de semanas y después ir espaciando las tomas para darle cada tres horas.
Como ya expliqué en otro post, desde el principio Peque se quedó en nuestra cama y le iba dando tanto como me pedía, pero a la segunda semana comencé a desesperarme un poco, porque ni de coña aguantaba el niño tres horas sin mamar. La pediatra del CAP lo revisó en mi casa a los quince días del parto e insistió de nuevo en lo de las tres horas. Y me dijo: "No es tanto por él como por ti, acabarás agotada si le das a demanda". Así que durante un tiempo intenté espaciar las tomas. Era imposible. Acabé agotada, sí, pero agotada mentalmente de pensar qué era lo que hacía mal, por qué se me quedaba frito mamando, porque mamaba tanto rato...Así que deduje que igual había algún problema, quizás no se cogía bien y por eso se cansaba al mamar y se quedaba dormido (con la consecuencia de que al poco se despertaba y seguía mamando), quizás tenía mal el frenillo de la lengua. Yo que sé la de cosas que se me pasaron por la cabeza. Intenté acudir a un grupo de lactancia, pero era verano y sólo se reunían una vez al mes muy lejos de mi casa, por lo que no fue factible. Al final, después de investigar un poco por internet, me fui a una librería para buscar libros de Carlos González y me compré "Entre tu pediatra y tú". Aunque no es el libro en el que habla en exclusiva de la lactancia materna (ese es "Un regalo para toda la vida"), me aclaró muchas cosas y empecé a ver que si el niño crecía bien y todo estaba correcto a ojos de su pediatra, el que pidiese tan a menudo no era un problema. Acepté que la lactancia es a demanda, y pasé a vivirlo de otro modo. Y ya me vale, porque siendo veterinaria y habiendo visto tropecientos documentales de bichos, ya podría haberme dado cuenta antes de que si el resto de especies mamíferas del planeta no usa un reloj para alimentar a sus crías, los humanos no íbamos a ser distintos. Por fin decidí emplear todo mi tiempo a mi bebé, sin pensar en que tenía que limpiar la casa, o cocinar, o barrer. Mi trabajo a tiempo completo era mi hijo, y lo demás podía esperar.
Así pues, la lactancia estaba bien establecida y mi bichillo iba creciendo exponencialmente. Yo pasaba la mayor parte del tiempo en mi casa, pero en verano, la familia de Mr. X se desplaza a una casita que tiene en las afueras y allí conviven durante un par de meses. Como Mr. X tiene a sus otros hijos en esas fechas y ellos se lo pasan mejor en el pueblo, Peque y yo también nos instalamos en la casa.
Yo me llevo muy bien con toda la familia de Mr. X, en especial con su madre, que me cuida como a una hija, pero ni ella ni sus hijas, que también dieron el pecho en su día, están acostumbradas a la idea de la lactancia a demanda. El resultado fue que cada vez que Peque lloraba, ellas me decían que no podía ser por hambre, y yo me sentía algo incómoda. Si me veían con el niño al pecho me decían: "¿Otra vez mamando?, ¡pero si no puede tener hambre!". Sé que no lo decían con mala intención, pero poco a poco me dio cada vez más corte darle el pecho a Peque delante suyo, y en varias ocasiones me iba a otro sitio donde no me vieran o intentaba a distraer a mi bebito sin darle lo que pedía. Debería haberme resbalado lo que me dijeran y hacer la mía, pero no supe hacerlo. Aún así, mi pequeñajo seguía alimentándose sólo con mi leche, y si de día le había escatimado alguna toma, la recuperaba por la noche.
Pasaba el tiempo y se acercaba el momento de reincorporarme el trabajo, así que tuve que plantearme cómo iba a gestionar la lactancia en ese momento. Pero de eso, os escribo en otro post, ¡que me enrollo y me enrollo y esto queda larguísimo!
¡Buen finde!
Hace unos cuatro años fuimos a visitar a una amiga de Mr. X que tenía un bebito de poco más de un año. Era un bichillo, corría por todas partes y comía de todo, así que cuando su madre nos explicó que aún le daba el pecho me pareció chocante. No conocía a nadie que hubiese amamantado durante tanto tiempo, pero tampoco me parecía mal, sólo extraño.
Estando embarazada tenía claro que quería dar el pecho, pero no sabía cuánto tiempo. Unos cuatro o cinco meses, me decía o contestaba cuando me preguntaban. ¿Por qué ese tiempo? Ni idea, supongo que porque es el plazo que dura la baja por maternidad. Durante el embarazo leí algunas cosas sobre la lactancia, pero me interesaba más aprender sobre la gestación en sí misma, así que tenía algunas nociones, pero las justas.
En las clases de preparación al parto la matrona nos explicó cómo dar el pecho, y algunos de los consejos que recibimos entonces, hoy creo que eran erróneos. Recuerdo que al final de la clase nos insistió mucho en un tema. Nos dijo que diésemos el pecho con amor, el tiempo que considerásemos conveniente, pero que supiésemos romper el vínculo cuando fuese oportuno. Creo que se refería a la idea que hay de que la madre que da el pecho durante varios años tiene una especie de relación patológica con su hijo, de exclusividad y sobreprotección quizás. En ese momento pensé que a lo mejor tenía razón, que había que saber "romper el vínculo" para dotar de independencia a tu hijo.
El día que nació Peque llegó el gran momento, y la verdad es que tuve suerte, porque no recuerdo haber tenido ningún problema para ponerlo al pecho. Al principio se hacía un poco el remolón, le costaba un pelín engancharse (sobre todo a mi pezón derecho, que es algo más pequeño), pero en pocas tomas le pilló el tranquillo. Tampoco tuve grietas. Sí es cierto que las primeras semanas tenía los pezones un poco sensibles y que justo cuando Peque se cogía para mamar me dolían un poco, pero con el tiempo ese dolorcillo desapareció. Cuando salimos del hospital aún no había tenido la subida de la leche como tal, pero él ya había empezado a recuperar peso, así que algo de leche sí que salía. La pediatra del hospital donde parí me aconsejó iniciar una lactancia a demanda durante un par de semanas y después ir espaciando las tomas para darle cada tres horas.
Como ya expliqué en otro post, desde el principio Peque se quedó en nuestra cama y le iba dando tanto como me pedía, pero a la segunda semana comencé a desesperarme un poco, porque ni de coña aguantaba el niño tres horas sin mamar. La pediatra del CAP lo revisó en mi casa a los quince días del parto e insistió de nuevo en lo de las tres horas. Y me dijo: "No es tanto por él como por ti, acabarás agotada si le das a demanda". Así que durante un tiempo intenté espaciar las tomas. Era imposible. Acabé agotada, sí, pero agotada mentalmente de pensar qué era lo que hacía mal, por qué se me quedaba frito mamando, porque mamaba tanto rato...Así que deduje que igual había algún problema, quizás no se cogía bien y por eso se cansaba al mamar y se quedaba dormido (con la consecuencia de que al poco se despertaba y seguía mamando), quizás tenía mal el frenillo de la lengua. Yo que sé la de cosas que se me pasaron por la cabeza. Intenté acudir a un grupo de lactancia, pero era verano y sólo se reunían una vez al mes muy lejos de mi casa, por lo que no fue factible. Al final, después de investigar un poco por internet, me fui a una librería para buscar libros de Carlos González y me compré "Entre tu pediatra y tú". Aunque no es el libro en el que habla en exclusiva de la lactancia materna (ese es "Un regalo para toda la vida"), me aclaró muchas cosas y empecé a ver que si el niño crecía bien y todo estaba correcto a ojos de su pediatra, el que pidiese tan a menudo no era un problema. Acepté que la lactancia es a demanda, y pasé a vivirlo de otro modo. Y ya me vale, porque siendo veterinaria y habiendo visto tropecientos documentales de bichos, ya podría haberme dado cuenta antes de que si el resto de especies mamíferas del planeta no usa un reloj para alimentar a sus crías, los humanos no íbamos a ser distintos. Por fin decidí emplear todo mi tiempo a mi bebé, sin pensar en que tenía que limpiar la casa, o cocinar, o barrer. Mi trabajo a tiempo completo era mi hijo, y lo demás podía esperar.
Así pues, la lactancia estaba bien establecida y mi bichillo iba creciendo exponencialmente. Yo pasaba la mayor parte del tiempo en mi casa, pero en verano, la familia de Mr. X se desplaza a una casita que tiene en las afueras y allí conviven durante un par de meses. Como Mr. X tiene a sus otros hijos en esas fechas y ellos se lo pasan mejor en el pueblo, Peque y yo también nos instalamos en la casa.
Yo me llevo muy bien con toda la familia de Mr. X, en especial con su madre, que me cuida como a una hija, pero ni ella ni sus hijas, que también dieron el pecho en su día, están acostumbradas a la idea de la lactancia a demanda. El resultado fue que cada vez que Peque lloraba, ellas me decían que no podía ser por hambre, y yo me sentía algo incómoda. Si me veían con el niño al pecho me decían: "¿Otra vez mamando?, ¡pero si no puede tener hambre!". Sé que no lo decían con mala intención, pero poco a poco me dio cada vez más corte darle el pecho a Peque delante suyo, y en varias ocasiones me iba a otro sitio donde no me vieran o intentaba a distraer a mi bebito sin darle lo que pedía. Debería haberme resbalado lo que me dijeran y hacer la mía, pero no supe hacerlo. Aún así, mi pequeñajo seguía alimentándose sólo con mi leche, y si de día le había escatimado alguna toma, la recuperaba por la noche.
Pasaba el tiempo y se acercaba el momento de reincorporarme el trabajo, así que tuve que plantearme cómo iba a gestionar la lactancia en ese momento. Pero de eso, os escribo en otro post, ¡que me enrollo y me enrollo y esto queda larguísimo!
¡Buen finde!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
