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martes, 10 de noviembre de 2015

Colecho today


Hace unos meses, María, de La cajita de música, me animó a escribir de nuevo sobre el colecho, ahora que Peque ha crecido, para dar mi perspectiva sobre el tema con un niño mayor.

A ello me puse la semana pasada, justo antes de que una horda de virus tuviese a bien colonizar mi tracto respiratorio y digestivo convirtiéndome en una especie de álter ego cutre de la niña del exorcista (cutre porque yo no vomito ni con un virus gastro intestinal de potencia 7 en la escala de Richter).

Y, cosas de la vida, lo que hubiese escrito a principios de la semana pasada y lo escribiré hoy tiene diferencias sustanciales (a los hechos me remitiré).

Ya lo expliqué en los albores del blog, yo llegué al colecho por supervivencia. A priori no me gustaba la idea (y menos mal, porque para no gustarme he dormido con Peque durante más de cinco años).

Durante el primer año la gente no se metía mucho, pero cuando dices que duermes con tu hijo de dos, tres, cuatro años, muchas miradas empiezan a ser de sorpresa o directamente de reprobación (no todas, por fortuna). He tenido que oír el típico “entonces, ¿dormirá con vosotros hasta los dieciocho?”, o que incluso la directora del cole de Peque metiese cucharada en el asunto explicándome que para su desarrollo era mejor que durmiese solo. Y sí, esas palabras me han dolido, porque no soy una persona que sepa pasarse por el arco del triunfo las opiniones ajenas. Me afectan, qué le vamos a hacer.

Por suerte, con el tiempo he conseguido que los juicios foráneos me resbalasen. Peque no estaba preparado para dormir solo y punto pelota. Yo a veces le preguntaba si quería probar. Él decía que sí en alguna ocasión, pero luego practicaba el consabido “donde dije digo, digo Diego”.

El único problema real que veía últimamente es que la cuna en sidecar que tenemos acoplada a nuestra cama empieza a quedarse pequeña, y yo creo que Peque no duerme tan cómodo como antes. Por eso la semana pasada volví a preguntarle, y oh, sorpresa, decidió que sí que quería probar. Para animarle y acompañarle en su aventura me hice con una tortuguita monísima a la que le había echado el ojo hace tiempo y que proyecta un relajante mar ondulante en las paredes de la habitación.

Desde el jueves pasado, Peque duerme en su habitación. Alguna madrugada viene a nuestra cama, y no dudo que a épocas querrá estar con nosotros, pero raro sería que no ocurriese así. Él está orgulloso y feliz de haber conquistado su miedo a estar solo en la otra punta de la casa, y yo voy de la satisfacción a la pena por aceptar que crece, que es inexorable, que ahora es esto, y dentro de nada será el instituto, las juergas, los viajes con amigos... Pero prevalece la felicidad por haberlo acompañado desde el respeto en su evolución del sueño.

¿Con que hasta los dieciocho años?

Ja.




jueves, 24 de mayo de 2012

Resultados y Motherphilia

Hoy hemos tenido los resultados de los análisis de Peque ¡y han salido bien! Según ellos, Peque no sufre celiaquía. De todas formas la pediatra insiste en que lo ve con mucha panza. No cree necesario indagar de momento en el tema, pero si el año que viene lo ve igual, repetirá los análisis de sangre. Pues nada, a pensar en positivo y esperar que todo vaya bien, ¡pesito que me he quitado de encima!

Por otro lado, si bien Peque está como una rosa, yo parece que padezco un trastorno de lo más raruno llamado Motherphilia (palabro exótico, ¿verdad?). En el post de La Gallina Pintadita os dan más detalles, pero resumiendo, parece ser que las mujeres que practican colecho, LM prolongada y expresión reiterada del afecto por sus hijos padecen este mal. Yo ya no doy teta a Peque, pero colecho con él y le doy todos los mimos que puedo, así que dos de tres me parecen suficientes síntomas para darme por aquejada de este terrible desorden.

Ironías aparte, el artículo al que hace referencia Carmen me cabrea sobre todo por dos cosas.

La primera de ella es que nos mete a todas en el mismo saco. A ver, por el hecho de dormir con mi niño y darle muchos (pero que muchos) besos, eso no me hace igual a cualquier otra madre que siga esas pautas. Aborrezco las etiquetas y generalizar así porque sí. ¿Todas las mujeres que dan biberón y cuyos hijos duermen en su habitación son iguales? No, ¿verdad? Es que es una soberana gilipollez. La grandeza del ser humano reside en la originalidad de cada uno de sus individuos. Y las relaciones madre-hijo no se escapan a eso. Estereotipar nunca me ha parecido una práctica que lleve a ningún lado.

El segundo punto que me toca la moral es, por supuesto, la demonización de prácticas que a mí me parecen del todo lícitas (LM prolongada, colecho y mimos, of course). Que vengan esos expertos y me muestren estudios serios, científicos, controlados y contrastados donde se ponga de manifiesto la veracidad de esas aseveraciones. Porque mira que he leído sobre el tema, pero nunca nadie me ha convencido de que esté causando un daño irreparable a mi vástago. Y ojo, jamás criticaré a una madre que da biberón o pone a su niño a dormir en la habitación de al lado. Tengo amigas que lo hacen y jamás he ido contra ellas haciendo proselitismo de mi forma de criar. Mientras amen a sus hijos (y me consta sin duda alguna que lo hacen), yo respeto todas las maneras de acompañar a tu niño en su camino por la vida.

Y dicho esto, me voy a dormir a la piltra. Eso sí, entre mi niño grande y mi niño pequeño.

¡Buen finde!

viernes, 25 de noviembre de 2011

Colechando

Si hay algo que he aprendido en mi todavía reciente andadura como madre, es que antes de tener a tu bebito dices y piensas unas cosas, y una vez nace y la realidad se impone, te comes muchas de tus palabras. Y también es cierto, como le he oído decir a alguna mami, que se es mucho mejor madre antes de tener críos que una vez los tienes. Sí, la teoría una la tiene, pero luego...¡aaah!, luego, la cosa es distinta.
Me doy cuenta de que antes juzgaba muchas conductas que por desconocimiento consideraba raras en el mejor de los casos y contraproducentes en el peor.

Uno de los ejemplos de lo que hablo es el colecho. La primera vez que oí este bonito palabro fue en boca de un amigo que tuvo a su hijo hace ya unos cuatro o cinco años. Su mujer tenía muy claro que quería colechar con su niño y así lo hizo. En el caso de mi amigo, a él no le entusiasmaba la idea, y creo que valoraba negativamente tener al bebé en la cama porque restaba intimidad a la pareja. Cuando nos lo explicaba, yo alucinaba en colores, no había oído hablar jamás del tema del colecho y tal y como nos lo pintaba me parecía una muy mala idea. Ahí quedó la cosa.

Un tiempecito después me encontré recién parida en mi casa, con un bebé que reclamaba teta cada hora y sin poderme mover de la cama por el desastrín que tenía en mis bajos.

Consecuencia número uno: aprendí a dar de mamar estirada (¡y no veas lo que me costó después pillar la postura sentada!).

Consecuencia número dos: me quedaba frita mientras Peque se pegaba sus festines lácteos.

Consecuencia número tres: Peque dormía la mayor parte de la noche en nuestra cama.

Por aquel entonces tenía su moisés al lado de la cama, y al principio trataba de ponerlo a dormir allí después de alimentarlo, pero al final desistí, porque muchas veces se despertaba y yo no estaba para demasiadas maniobras. Un día, todo hay que decirlo, tuve un susto. Peque tenía un mesecillo, creo, y por la noche, después de darle de mamar, lo coloqué a mi lado, pero del lado del borde de la cama. Tenía montado un tinglado con el cojín de lactancia, etc. para hacer una especie de muralla anticaídas, pero falló. Se deslizó el cojín, debí colocar mal a mi regordete y se cayó al suelo. No se me olvida el ruido que hizo, qué susto más grande me llevé...Por suerte mi cama es muy bajita y no le pasó nada de nada, ni un rasguño, pero me dio mal rollo dejarlo dormir de ese lado, así que pasé a ponerlo entre Mr. X y yo. Con el paso de los meses, Peque ya se movía mucho más y no dormíamos demasiado bien, así que cogimos una cuna que nos habían dejado, le quitamos la baranda de un lado y la acoplamos a nuestra cama con el sistema que llaman sidecar. Ganamos muchísimo en comodidad.

Ahora Peque ya no mama, dejamos la lactancia sobre los catorce meses, y podría haber intentado ponerlo a dormir en su cuna en su habitación, pero resulta que su habitación está en la otra punta de la casa, y Peque se despierta una media de dos o tres veces por noche (últimamente algo menos si no está pachucho). Me es mucho más cómodo tenerlo al lado y calmarlo al instante cuando se despierta. Si me ve allí se duerme de nuevo rápidamente y yo consigo descansar de coña.

No sé cuando lo sacaremos de nuestra habitación. Creo que iremos haciendo como hasta ahora, según evolucione su sueño y sus necesidades. Porque además debo añadir que esto del colecho tiene algo adictivo. Cuando te acostumbras a tener el cuerpecito de tu bebé al lado y a oír su respiración...¡le pillas el gustito! Y entiendo que haya madres que lo escojan porque es lo que les pide el cuerpo.
Sobre el tema de la intimidad...Bueno, sí, creo que tener allí al niño hace que no te comportes como cuando no estaba, pero buscas alternativas. Además, lo que resta intimidad a una pareja, creo yo, no es tanto el tener al niño en la habitación como el hecho tener un niño, sin más. Aunque Peque duerma en otra habitación, si a media faena con mi churri el bebé se pone a llorar, pues me interrumpirá igualmente, así que...De todas formas es un tema que hablé mucho desde el principio con Mr. X, porque no quería que tuviese la percepción que tenía mi amigo cuando nos explicaba su experiencia. Mr. X nunca lo ha vivido mal, al contrario, está contento porque con nuestro sistema podemos dormir muchas horas y muy bien y él puede descansar divinamente.

Aparte de este amigo que comento, no conozco más gente de mi círculo de amigos/conocidos que coleche, así que me siento un poco un bicho raro (aunque sé que muchas familias lo hacen). Alguna vez he tenido que oír de gente cercana que es un mal sistema, que malacostumbraré al niño,...(lo peor, hace ya meses, que así podía asfixiar a mi hijo...). En fin, para gustos los colores. Yo no soy de discutir mucho, mientras no me ofendan, explico que ese es el sistema que yo he encontrado mejor para mi hijo y para mi familia y listos. Me recuerdo a mí misma hace años, cuando escuchaba a mi amigo y pensaba como piensan ahora otros. Quizás las circunstancias hagan cambiar de opinión a más de uno, o quizás no. Lo que importa es que nos respetemos y no juzguemos a los demás (y me incluyo en la lista, que aún me descubro juzgando a otras personas cuando sé que no debería hacerlo).

Et voilà, aquí una que colecha feliz entre sus dos hombrecitos.


¡Buen finde!