Extraño título de post, ¿eh? Quizás alguien ya lo haya pillado (has estado en el agujero, pillín...).
Todo tiene su explicación, no preocuparse.
El sábado por la mañana me levanté con cosquillas en el estómago, inequívoca señal de que la expectación dominaba mi ser. Motivo: la despedida de soltera. Que vale, ya estoy casada -hace siete meses para ser exactos-, pero es lo que tiene hacer todo en mi vida sin orden ni concierto (mucho más divertido, dónde va a parar). Primero me arrejunto, luego tengo un hijo, más tarde me caso legalmente, después lo celebro con un bodorrio, y para rematar la jugada, me voy de despedida.
Debo decir que cierto remordimiento me corroía, porque Peque no acababa de entender que me pirase todo el día de fiesta, pero una vez dejé a mi churumbel en manos de su padre me desentumecí la espalda, sacudí la melena y me encaminé a disfrutar de mi día, que buena falta nos hace dedicarnos a nosotras mismas de vez en cuando.
En una parada de metro me esperaba mi amiga A para llevarme al primer destino de la jornada. Debo decir que me olía hace tiempo el sitio al que me llevaba. Por una parte porque yo había insinuado que me apetecía muchísimo ir allí, y por otra porque me avisaron de que me llevase bañador. No hay que ser Sherlock precisamente... Los árabes nos dejaron muchas cosas maravillosas en la ciudad, pero lo mejor, a mi parecer, los baños termales. Qué cosa, qué relax, qué calma, qué té más rico... y qué pesao el tío que nos hacía callar cada dos por tres. El hombre tenía razón, pero claro, seis chicas sueltas no callan ni debajo del agua (nunca mejor dicho). Al final bajamos las revoluciones y flotamos en silencio las unas junto a las otras como cuerpos en suspensión en una peli de ciencia ficción. En serio, esto tengo que hacerlo por lo menos una vez al año. ¡Me relajé tanto que me di cuenta de que no pensaba en nada! Con el tiempo que llevo tratando de conseguirlo con la meditación...
Cuando la campanilla nos avisó de que nuestro tiempo de relajo se había acabado nos fuimos a los vestuarios a ponernos monas y hacernos setenta fotos en todas las poses cuquis conocidas. Hermosas, relajadas e hidratadas nos fuimos a la siguiente parada. Ya eran casi las cinco y no habíamos comido, así que nos fuimos a merendar a un restaurante del centro donde nos esperaban dos amigas más. No me esperaba que me llevasen allí, ¡qué recuerdos! Siempre comíamos en ese lugar cuando estudiábamos juntas en la biblioteca. Preparan unas recetas vegetarianas espectaculares. Y el ambiente es cálido y agradable a más no poder.
Una vez llena la panza la modorrilla empezaba a adueñarse de mi body... pero enseguida nos tuvimos que activar de nuevo para llegar al siguiente hito en el camino. Que en realidad era un plan B decidido en el último minuto por culpa de la meteorología. El plan A era una ruta esotérica por la ciudad (que eso habrá que hacerlo, porque mola mil). Pero qué queréis que os diga. Benditos rayos y centellas que nos llevaron al plan B, porque aquí una servidora se lo pasó de lujo en el agujero. Pero un agujero molón, nada de socavones de obras u otras oquedades misteriosas.
Era EL agujero.
Mis amigas del alma me llevaron a ver The Hole 2 y yo me reí, me emocioné y me divertí como hacía siglos que no me ocurría con un espectáculo. Algo había oído sobre la función, pero hay que ir al agujero para saber cómo es. Y dejarse llevar por sus movidas (de ahí el título del post). No os explico mucho, porque lo chulo es ir y sorprenderse.
Para rematar la velada me llevaron a cenar a un tailandés exquisito. La tertulia postpandrial fue de todo menos aburrida. A mí se me ocurrió mentar las cremas de rejuvenecimiento genital que tan famosas se están haciendo (hasta en las Nonabox las incluyen, de piedra me quedé cuando nos lo explicó Drew) y atribuladas comenzamos a preguntarnos por la tersura y coloración de nuestros bajos... pero claro, sin comparar, una no sabe si lo suyo está lozano o chuchurrío como una lechuga pocha, y llegamos a la conclusión de que teníamos que hacernos unos selfies para poder tenerlo claro. Selfies no faciales, se entiende. No preocuparse de nuevo, no hubo ovarios. Casi mejor no conocernos tan bien.
Estoy planteándome casarme de nuevo por el rito zulú o lo que sea. Porque con el planazo que me
El sábado por la mañana me levanté con cosquillas en el estómago, inequívoca señal de que la expectación dominaba mi ser. Motivo: la despedida de soltera. Que vale, ya estoy casada -hace siete meses para ser exactos-, pero es lo que tiene hacer todo en mi vida sin orden ni concierto (mucho más divertido, dónde va a parar). Primero me arrejunto, luego tengo un hijo, más tarde me caso legalmente, después lo celebro con un bodorrio, y para rematar la jugada, me voy de despedida.
Debo decir que cierto remordimiento me corroía, porque Peque no acababa de entender que me pirase todo el día de fiesta, pero una vez dejé a mi churumbel en manos de su padre me desentumecí la espalda, sacudí la melena y me encaminé a disfrutar de mi día, que buena falta nos hace dedicarnos a nosotras mismas de vez en cuando.
En una parada de metro me esperaba mi amiga A para llevarme al primer destino de la jornada. Debo decir que me olía hace tiempo el sitio al que me llevaba. Por una parte porque yo había insinuado que me apetecía muchísimo ir allí, y por otra porque me avisaron de que me llevase bañador. No hay que ser Sherlock precisamente... Los árabes nos dejaron muchas cosas maravillosas en la ciudad, pero lo mejor, a mi parecer, los baños termales. Qué cosa, qué relax, qué calma, qué té más rico... y qué pesao el tío que nos hacía callar cada dos por tres. El hombre tenía razón, pero claro, seis chicas sueltas no callan ni debajo del agua (nunca mejor dicho). Al final bajamos las revoluciones y flotamos en silencio las unas junto a las otras como cuerpos en suspensión en una peli de ciencia ficción. En serio, esto tengo que hacerlo por lo menos una vez al año. ¡Me relajé tanto que me di cuenta de que no pensaba en nada! Con el tiempo que llevo tratando de conseguirlo con la meditación...
Cuando la campanilla nos avisó de que nuestro tiempo de relajo se había acabado nos fuimos a los vestuarios a ponernos monas y hacernos setenta fotos en todas las poses cuquis conocidas. Hermosas, relajadas e hidratadas nos fuimos a la siguiente parada. Ya eran casi las cinco y no habíamos comido, así que nos fuimos a merendar a un restaurante del centro donde nos esperaban dos amigas más. No me esperaba que me llevasen allí, ¡qué recuerdos! Siempre comíamos en ese lugar cuando estudiábamos juntas en la biblioteca. Preparan unas recetas vegetarianas espectaculares. Y el ambiente es cálido y agradable a más no poder.
Una vez llena la panza la modorrilla empezaba a adueñarse de mi body... pero enseguida nos tuvimos que activar de nuevo para llegar al siguiente hito en el camino. Que en realidad era un plan B decidido en el último minuto por culpa de la meteorología. El plan A era una ruta esotérica por la ciudad (que eso habrá que hacerlo, porque mola mil). Pero qué queréis que os diga. Benditos rayos y centellas que nos llevaron al plan B, porque aquí una servidora se lo pasó de lujo en el agujero. Pero un agujero molón, nada de socavones de obras u otras oquedades misteriosas.
Era EL agujero.
Mis amigas del alma me llevaron a ver The Hole 2 y yo me reí, me emocioné y me divertí como hacía siglos que no me ocurría con un espectáculo. Algo había oído sobre la función, pero hay que ir al agujero para saber cómo es. Y dejarse llevar por sus movidas (de ahí el título del post). No os explico mucho, porque lo chulo es ir y sorprenderse.
Para rematar la velada me llevaron a cenar a un tailandés exquisito. La tertulia postpandrial fue de todo menos aburrida. A mí se me ocurrió mentar las cremas de rejuvenecimiento genital que tan famosas se están haciendo (hasta en las Nonabox las incluyen, de piedra me quedé cuando nos lo explicó Drew) y atribuladas comenzamos a preguntarnos por la tersura y coloración de nuestros bajos... pero claro, sin comparar, una no sabe si lo suyo está lozano o chuchurrío como una lechuga pocha, y llegamos a la conclusión de que teníamos que hacernos unos selfies para poder tenerlo claro. Selfies no faciales, se entiende. No preocuparse de nuevo, no hubo ovarios. Casi mejor no conocernos tan bien.
Estoy planteándome casarme de nuevo por el rito zulú o lo que sea. Porque con el planazo que me
prepararon mis amigas yo quiero una despedida al mes como poco. He dicho.
Y gracias, amigas. ¡Sois las mejores!