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martes, 15 de enero de 2019

Año nuevo, baño bueno


Estrenar año tiene algo de promesa y de misterio. A mí me mola el misterio. Y podemos decir que hemos empezado el 2019 con dosis ingentes de energía positiva para bautizarlo como se merece.

Aunque lo acabé como el culo. O más bien, con el culo.

Dejadme que me explique.

Resulta que mis cuñados han decidido emigrar a Mallorca para iniciar su jubilación. Planazo. Y tener familia en ses illes hace de las Baleares un destino aún más practicable si cabe. Así que decidimos pasar ahí fin de año. Así, en pack, los veinte que nos juntamos en cada celebración. Ni que decir tiene que allí donde íbamos nos hacíamos notar (la discreción no es nuestro fuerte).

El 31 planeamos una excursión por el campo cerca de donde viven mis cuñados. De buena mañana, el grupo que dormíamos en un aparthotel de una localidad cercana nos levantamos dispuestos a emprender el último día del año. Mr. X y yo nos acercamos a la bahía, para respirar la brisa marina. Mr. X, que es un intrépido, rápidamente se puso a caminar por el rompeolas. Al principio fue muy gentil y me ayudó a adentrarme en el espigón, pero a la que algo llamó su atención me dejó sola ante el peligro, y si hay algo que tengo perjudicado a estas alturas de la película, son las rodillas, con lo que me vi bastante apurada para pulular por ahí. Visto lo visto, decidí usar mi apéndice más mullido para sortear las rocas: el culo. En un momento dado apoyé mis posaderas en la madre de todas las rocas y un crujido eterno sonó en mis entrañas. Primero pensé en que me había quedado sin rodilla, pero rápidamente mis neuronas me recordaron que había puesto el aifon en el bolsillo trasero. Ay qué dolor. Más que las rodillas, incluso. Y no por lo material del asunto, sino porque había sido un regalo de Mr. X y tenía mucho cariño a mi aifonsito, en paz descanse. Bueno, a ver, que ir, iba. Pero con la pantalla estropiciá. Al final sus majestades los RRMM se han marcado un plan renove que ha sido muy bienvenido. Moraleja: no hay que poner el móvil en las posaderas.

El día 1, la familia en pleno nos propusimos inaugurar el año de forma memorable, y por fortuna los astros nos sonrieron y nos regalaron un primero de año de temperaturas cuasi primaverales. Subimos a nuestros coches y nos dirigimos a Es caló d’es Moro. En temporada alta (o media), no hay quien encuentre hueco para plantar la toalla. Pero el uno de enero parece que es el momento ideal para ir. Habían unas doce personas charlando en la arena y llegamos nosotros a liarla parda. No nos dimos tiempo para pensarlo mucho. Nos enfundamos los bañadores y nos lanzamos al agua. Me encantaría decir que emulé a esos octogenarios valientes que remojan sus carnes en el mar aunque nieve y que parecen estar hechos de titanio para resistir temperaturas semejantes. Pero no, estábamos a diecisiete grados, hacía sol, y el agua estaba fresquita, pero soportable. En cualquier caso, fue una manera estupendérrima de conectar con los elementos y proyectar cosas buenas para este año que empieza (y además, fuimos un entretenimiento esperpéntico de gritos y jolgorio para los que habían tenido la ocurrencia de ir a esa cala a meditar en tranquilidad, espero que nos puedan olvidar). Por si fuera poco, el día 2 repetimos en otra playa. Menos mal que esa noche ya volvimos a la ciudad, porque de estar allí aún estaríamos en remojo.

Otro año que empieza, a ver cómo se porta.







martes, 3 de enero de 2012

Segundo hit fiestero

Bueno, ya estamos en 2012, esperemos que a los mayas se les haya ido la olla con lo de la profecía apocalíptica o que sólo se trate de una bromita milenaria...

La menda lerenda celebró Fin de Año en su casita, de forma muy tranquilita. De hecho estaba un poco out, casi diría un pelín triste, del plan premenstrual, pero sin regla a la vista. Quizás lo que estaba es bastante cansada. Estos días mi casa parece una trinchera en plena batalla campal. Motivo: ahora mismo convivimos en poco más de setenta metros cuadrados los que estamos ahí habitualmente (Mr. X, Peque, el perraco y yo), mi señor padre con sus dos perros (sí, dos perros de tamaño mediano-grande) y los tres churumbeles de Mr. X, o sea, tres adultos, cuatro niños (incluyendo una adolescente con todo lo que eso implica), tres perros y, aunque la pobre no da mucha guerra, una culebrilla. ¿Orden? ¿limpieza? ¿tranquilidad? Jaaajajajaja...En fin, lo llevo como puedo, pero me dedico a dar paseos por la casa (o más bien diría que voy "apatrullando la ciudad") recogiendo todo lo que me encuentro, poniendo paz en los conflictos bélicos de turno, buscando el cepillo de los dientes que puede haber ido a parar al bol de comida del perro y cargando a mi Peque en plan fardo de paja.

En Nochevieja Peque aguantó como un jabato hasta las 12 de la noche e incluso se comió las uvas (eso sí, sin pepitas y sin piel y unos minutos antes de las campanadas). A mí no me gustan las uvas, así que cada año busco una alternativa. Para el 2012 me he decantado por la piña natural, digestiva, diurética y fantástica como colofón a la cena que preparó mi padre. A las 12 y media ya no me aguantaba derecha y me llevé a mi fardito a la cama, pero Peque tenía ganas de marcha. Me quedé frita mientras él bailaba dando botes encima de mí (e imagino que él cayó poco después...).

Inauguramos el año con la comida tradicional en casa de los padres de Mr. X. Esta vez mi estómago me permitió disfrutar de la opípara comida y me puse las botas a gusto. Como resultado, me quedé anclada a la silla hasta las ocho de la noche, pero me lo pasé muy bien. Peque cagó el Tió y se lo pasó en grande abriendo paquetitos. Me hace mucha gracia, porque ahora, cuando está sorprendido por algo, pone cara de alucine y dice "Haaaaaaala!". Pa comérselo enterito.

Y hoy estoy un poco tristona, porque para darme un respiro y entretener a los niños, Mr. X se los ha llevado a todos a casa de su hermana en la montaña y no vuelven hasta mañana. Es la primera noche en casi 19 meses que no dormiré con mi Peque (bueno, si contamos los 9 meses de gestación, son 28...). Se me hace raro. Este mediodía he ido a casa a comer y me sentía tan extraña allí sola...Normalmente voy con el petardo en el culo, y de pronto hoy tenía cuatro horas para comer tranquilamente, leer...Bueno, de hecho me he dedicado a marujear dos horas, pero aún así me ha sobrado tiempo para descansar un ratito y hacer una mini-siesta. Lo he disfrutado, pero ya me he acostumbrado al ajetreo diario y no lo cambio por tanto descanso, ¡quiero a mi Peque conmigo! Suerte que sólo es un día...

Para acabar, a un post sobre Fin de Año no le puede faltar su balance final, y sin duda la conclusión es muy positiva. Han habido cosas tristes (la enfermedad de un familiar cercano, la muerte de una persona a la que le tenía mucho aprecio, Mr. X que ha estado a tope con un proyecto que le ha tenido missing y extenuado, la crisis que nos afecta a todos...), pero también han ocurrido cosas maravillosas (sobre todo ver crecer a mi Peque y disfrutar de la compañía y amor de mi familia y amigos). Y no puedo olvidarme de las numerosas alegrías que me ha aportado la creación del blog. Conocer a todas las ya compañeras de la blogosfera ha sido algo genial. Me encanta leer vuestros comentarios y sobre todo visitar vuestros hogares virtuales. Asomarme a vuestras vidas enriquece la mía y me hace sentir que formo parte de algo grande. En fin chicas, que soy unos soletes. Mil besos y abrazos para todas.

¡Ah! Se me olvidaba mi lista de propósitos para el 2012. Buff...Hay un montón de cosas que me gustaría conseguir. Algunas sé que no serán para este año porque no voy a tener tiempo-barra-dinero (como por ejemplo ponerme en forma con algo de natación, pilates o mi adorado patinaje sobre hielo o perfeccionar/aprender idiomas). Otras sí son más asequibles, a ver si vamos a por ellas (quiero tener más paciencia con mi Peque, que a veces cuando estoy cansada saca mi lado ogril y después me siento mega mala madre; quiero sacar más tiempo para Mr. X, para hacer cosas juntos, porque con el curro que ha tenido, este año hemos sido más compañeros de piso que pareja; me gustaría ser un poco mejor veterinaria, que cuando no llevo un caso tan bien como me gustaría siento que no estoy a la altura de las circunstancias; me encantaría que mi padre lograse vender su casa sureña para poder venir a vivir más cerquita -esto es más un deseo que un propósito...si alguna tiene ganas de tener un cortijo andaluz, ¡avisadme!-, y para acabar, otro deseo, el mismo que muchas de vosotras habéis tenido: que se cumplan todos vuestros sueños y anhelos).

Hala, preparados estamos para afrontar este nuevo año.