miércoles, 31 de octubre de 2012

Aventuras en el zoo: A lomos de Elly


Para conocer mejor mi entorno, el Dr. B y P me llevaron el fin de semana a turistear por el barrio antiguo de la ciudad, el French Quarter. Aromas a comida picante, jazz cómo música de fondo y muchas ganas de pasarlo bien. Los habitantes de New Orleans son unos cachondos. En las fiestazas de Mardi Gras, por carnaval, la lían parda. Es típico llevar unos collares de plástico de colores chillones, y si una mujer quiere conseguir muchos collarcitos, lo que tiene hacer es levantarse la camiseta y mostrar sus encantos a las peñas de trogloditas, digo, hombres, que las jalean para que se animen.
El Dr. B nos llevó a uno de los locales de jazz con más solera de la ciudad, el Preservation Hall. Es un garito de lo más decrépito (parece que se vaya a caer de un momento a otro), pero la música y el ambiente que se puede disfrutar en ese lugar te transporta a otra época. El público se sienta en unos bancos, por filas, y con cada cambio de canción, te desplazas a la fila de delante, con lo que al cabo de un ratito puedes disfrutar de tu turno en primera fila y darle un billetito a algún músico de la banda para que toque tu preferida. Un lujazo de noche. Para finalizar, el Dr. B nos llevó a tomar algo a un local pintoresco al que se accedía por un pasaje estrecho y donde un hombre negro comenzó a vocear "¡Aiiidiiiii, aiiidiiii!", pero como si le hablase al cielo, sin mirar a nadie...Yo no pensé que fuese conmigo la cosa hasta que el Dr. B me dijo: "Muéstrale tu aidi al señor, Mo". Y yo: "¿Mi cualo?". Y el Dr. B me aclaró: "Tu identificación, que los menores no pueden beber alcohol y no se fía de tu edad". Esto de que los americanos funcionen con siglas siempre me ha complicado la existencia, y sí, "aidi", es ID, o "identification"...De todos modos, he de reconocer que el hecho de que con veintiséis tacos pensasen que no llegaba a veintiuno me subió la moral.
En los días siguientes fui metiéndome en la rutina de mi nueva vida, que de rutinaria, precisamente, no tenía nada. Aprovechando un ratillo sin trabajo, P me pidió que la acompañase a despedirse de los chicos de la sección de los elefantes. Yo todavía no los conocía. Fui con ella y me presentó a los chavales que cuidaban de las dos hembras de elefante que habían en el zoo. Su jefa no estaba, y saltándose las normas nos preguntaron si nos apetecía dar una vuelta a lomos de las elefantas. En esos momento el Dr. B todavía no me había dado la charla sobre los peligros de estos animales. Si lo hubiese hecho quizás no me habría comportado como lo hice, porque los elefantes son unos de los bichos más peligrosos que existen. Los vemos grandotes y bonachones, pero cabreados son muy peligrosos. Y si no os lo parece, preguntadle a Carlos Sobera. P se animó enseguida, y aunque a mí me daba un poco de yuyu, no quería ser menos y en el fondo, me moría de ganas. P subió con mucha gracilidad y dio un par de vueltas con soltura encima del paquidermo. Parecía sencillo, así que me envalentoné. Cuando fue mi turno me acompañaron hasta la enorme cabeza de la elefanta, que estaba estirada, y me dijeron: "Es muy fácil, te subes justo detrás de las orejas y te agarras fuerte a ellas mientras con las piernas haces fuerza hacia la cabeza". Vale, yo puedo.

Primer problema, yo de grácil no tengo nada, y no pude emular ni de lejos el simpático saltito que hizo P para coger impulso y subirse al cabolo de Elly (la llamaré así para simplificar y homenajear de paso al ídolo de Peque, o sea, Pocoyo). De repente tenía a los dos pobres mozalbetes empujándome por el culo para que pudiese subirme a Elly. Muy bonito todo. Pero al final conseguí quedarme allí arriba. Entonces, poco a poco Elly se levantó. Y me acojoné, porque con sus movimientos yo me veía en el suelo de un momento a otro. Lo de apretar las piernas contra la cabeza no iba en broma...(más que nada porque era mi seguro para no estamparme). Di una vueltecilla a lomos de la elefanta aferrándome con todas mis fuerzas y disfrutando como nunca en mi vida. Por suerte, bajar fue mucho más fácil que subir, con lo que recuperé algo de mi dignidad perdida.

Una de mis principales tareas durante la estancia era la de realizar las necropsias de todos los animales que falleciesen en el zoo. Al principio las hacía como ayudante del Dr. B o de la Dra. E, pero a las pocas semanas ya las estaba haciendo yo sola e incluso redactando los informes en inglés (lo que se espabila uno cuando no le queda más remedio...). Una de las primeras necros que me tocó hacer fue la de una pelícana que había caído al estanque de las tortugas. Las muy chungas se la habían merendado. Como existía el riesgo de que estuviese infectada por el virus del Nilo occidental teníamos que hacer la necro equipadas con una especie de escafandra sideral con circuito de aire para evitar el contagio. En las pelis queda muy chuli, pero es incómodo de narices. Pues nada, nos pusimos manos a la obra, todo mu pofesioná, y de pronto noté como comenzaba a caerme el moquillo de la nariz. Instintivamente me llevé la mano a la cara para descubrir con mucho disgusto que la capucha-máscara que llevaba me impedía sonarme. Y no sólo me caía el moco, es que me hacía cosquillas. Así que empecé a gesticular, poner caras raras y sorber mis secreciones intentando que la Dra. E no me pillase in fraganti. A veces la Dra. se giraba para mirar qué me pasaba y yo paraba de golpe, la miraba y sonreía, disimulando a tope. Por suerte el moco tuvo a bien dejar de importunarme y pude acabar mi trabajo oportunamente. Por cierto, la pobre pájara tenía una infección en el oviducto que la había debilitado hasta provocar su caída al estanque de las tortus (y ya sabemos lo que ocurrió allí después...).

Poco a poco fui sintiéndome cada vez más cómoda en mi nueva piel y me asignaron otra tarea que pronto incorporé a mi rutina. Cada semana tenía que ir al recinto de las elefantas y sacarles sangre para medir unas hormonas en sangre (se estaba estudiando someterlas a un tratamiento de reproducción asistida). La entrenadora de Elly la hacía tumbarse y yo obtenía mi muestra de las venas auriculares. Evidentemente, encontrar la vena en esos bichos no tiene complicación ninguna, no engaño si digo que un venorro suyo era casi tan grande como la tubería de mi cuarto de baño. Nunca un paciente me lo había puesto tan fácil. Una vez acabábamos la entrenadora indicaba a Elly que debía elevarse y yo me apartaba bien lejos porque en el proceso podía girarse demasiado y atraparme debajo. Me despedía de mi macropaciente regalándole una docenita de zanahorias y me iba más feliz que una perdiz al laboratorio.

A estas alturas ya me sentía plenamente integrada en mi nuevo hábitat, pero aún me quedaban muchas cosas por descubrir....


 

martes, 30 de octubre de 2012

Manos de madre


Ya estoy de vuelta, pero con la cabeza aún en el espléndido fin de semana que he pasado rodeada de mis amigas. Estuve a punto de no poder ir porque Peque tenía décimas de fiebre y la logística se me complicó, pero al final todo cuadró y pude disfrutar de mis chicas. Hemos sido de lo más organizadas. Nos hemos tirado casi tres meses apuntando todo lo que teníamos que comprar y los menús para cada comida en un Excell y planeando el transporte en un Doodle (cosas de chicas, no cabe duda, diez tíos hubieran comprado veinte pizzas y andando cascarundio). Nuestra amiga M se curró una actividad estupenda para hacer jaboncitos caseros. El único inconveniente es que teníamos que salir al exterior para mezclar la sosa y el agua -lo cual desprende gases tóxicos- y la pobre a la que le tocaba quedarse dándole vueltas a la mezcla volvía hecha una estalactita caminante a casa. También han hecho yoga y meditación por las mañanas (de eso pasé porque he estado con un catarrazo impresionante y mis amigos los mocos y la tos no me hubieran permitido concentrarme...). Hemos paseado por el bosque, hemos ido a una feria de setas, hemos reído, compartido y disfrutado muchísimo. Total, ¿para cuándo la próxima? Gràcies nenes, us estimo!

Una de mis flamantes amigas, I, está embarazada y esperando mellizos, a los que hemos decidido bautizar como Milli Vanilli. Dentro de poquito los podremos achuchar. Siempre me emociona ir a dar la bienvenida a un nuevo bebé (¡en este caso dos!). Antes de ser madre, cuando iba al hospital para conocer a algún pequeñín y me ofrecían cogerlo en brazos, siempre me negaba. Me daba miedo cogerlo mal, o que se cayese o vete tú a saber qué. Con Peque ni se me pasó por la cabeza. Nunca dudé en cómo sostenerlo, no recuerdo ningún instante en que pensase: "¡Que se me escurre la cabeza!", o algo parecido. Supongo que el instinto predominó. Y pensé que después de tener a mi hijo pasaría a tener unas maravillosas "manos de madre" (como las de mi suegra, que además de cuatro hijos tiene once nietos...un master en toda regla). Pero no. El año pasado nació el niño de otra amiga y me sentí de lo más torpe acunándolo. La etapa de bebé de Peque ya comienza a quedar lejos. Cuando era un rorito de pocas semanas, su frágil cuerpecillo exigía una delicadeza en mis movimientos que no tiene nada que ver con las maniobras que hago hoy día, por ejemplo, para cambiarle el pañal. Ahora lo nuestro más bien parece un campeonato de lucha libre (y no siempre gano...). Darme cuenta de todo esto me hace sentir nostálgica por ese tiempo que ya no volverá, como cuando evocamos con nuestras amigas las fiestas de la universidad, los años locos...Pero es una morriña pasajera, imágenes que me vienen a la mente, piedras preciosas en forma de recuerdos que me gusta acariciar y atesorar, pero que simplemente forman parte del camino.

No puedo irme sin explicar que mi tremenda chiripa con los sorteos se ha extendido al ámbito familiar. La semana pasada nos dieron unos boletos en el súper y los premiados recibían productos gratis. A mitad de semana, abriendo los sobrecitos con Mr. X en la cocina de casa descubrimos que nos habían tocado unas magdalenas, unos rollos de papel de cocina y...¡un jamón! ¡Nos pusimos a dar saltitos de alegría en casa del subidón que nos dio! Pero lo mejor es que el sábado me llamó Mr. X y me dijo: "No te lo vas a creer...hemos ido al supermercado y nos ha tocado un paquete de galletas, un kilo de pasta y...¡otro jamón!". A Mr. X le da corte volver al súper, así que mañana me toca ir a buscar el regalito. Sí, ya lo sé, de hoy no pasa. Hoy sí que me compro el Euromillon.

jueves, 25 de octubre de 2012

Veinte años


Cuando era una pipiola preadolescente, cualquier ser humano de veinte años me parecía muuuuuy mayor. Pero mucho.

Ahora no sólo he pasado esa edad con creces, sino que este fin de semana me reúno con mis amiguitas para celebrar que hace veinte años que nos conocemos. Alucinante.

Hemos alquilado una casa rural entre todas y estaremos allí de viernes a domingo. Debo confesar que a pesar de apetecerme muchísimo el plan, me da penilla dejar a Peque. No hemos pasado más de una noche separados (y sólo en dos ocasiones), así que se me hace raro...Pero ahora que algunas de mis amigas viven lejos (vamos, que sin avión de por medio no les veo la jeta), conseguir quedar todas juntas es algo que no puedo perderme. Ni puedo, ni quiero, ¡claro!

Recuerdo que cuando de jovenzuela quedaba con mi grupillo, mi abuela siempre me explicaba que ella no había tenido amigas, que su mejor amigo era su marido y que no entendía que nosotras nos explicásemos cosas íntimas y que fuéramos tan importantes las unas para las otras. Yo no imagino mi vida sin ellas. Hay cosas que creo que sólo puede entender otra mujer...(aunque a Mr. X lo hemos "afeminao" a base de incluirlo en nuestras charlas -porque es el único chico que siempre se anima a quedar con nosotras-). Sea como sea, este finde es sólo para chicas. Vamos a charlar, darnos unos paseos si el tiempo lo permite, cocinar juntas, ¡e incluso hacer un taller de jabón y cremitas corporales!

Por todo esto, ya me despido hasta la semana que viene (esta semana os dejo sin "Aventuras en el zoo", jejeje...).

¡Ah! ¡Por cierto! No quiero marcharme sin dar las gracias otra vez a Papá Lobo y Chincha Rabincha  porque...¡he ganado su sorteo! Sí, ya lo sé, ¡tengo una flor en el culo para esto de los sorteos! (siempre me ha hecho muchísima gracia esta expresión). Hoy me compro el Euromillon...

¡Besos y buen finde!

martes, 23 de octubre de 2012

Novata

El otro día comentaba que estoy muy “crack”, que diría mi amiga E, no dejando para mañana lo que puedo hacer hoy. Y una de esas cosas ha sido apuntarme al gimnasio. Me daba un palo tremendo (por el esfuerzo físico y sobre todo por el económico), pero ha llegado un punto en el que ya no podía posponerlo.

Como ya he comentado más de una vez, tengo una escoliosis espantosa (chunga, chunga), y últimamente me quedo clavada cada mañana al intentar incorporarme de la cama. Tengo que hacer la croqueta para poder levantarme. Después ya estoy bien, pero ese primer momento es horroroso...

Y claro, teniendo la S que tengo por espalda, me veo de aquí a veinte años caminando con el cuerpo en diagonal toda retorcida...Mi médico de la espalda, empático como ninguno (modo irónico "on") me dijo que lo mío no tiene remedio, que ya puedo hacer deporte o ir a Lourdes, que lo único que podría salvarme es la cirugía. Y para que yo me meta en un quirófano y salga como Robocop del metal que me tendrían que meter en la columna tengo que estar muy, pero que muy jodida. Así que de momento he decidido pasarme las observaciones de mi querido médico por el forro y confiar en que el líquido elemento me proporcionará el alivio que mi body necesita. Es decir, que he decidido nadar.

Me he apuntado al gimnasio que está al lado de mi casa (menos de cinco minutos caminando), que es muy molón y municipal, con lo que una pensaría que debería salir bien de precio. Pero no, es caro de cojones (ups, este lenguaje mío, ya comienza a manifestarse en el blog...¡malo!). En fin, que he decidido invertir en salud, a ver qué tal va todo. Pago una cuota que me permite entrar de siete a nueve de la mañana, de una a cinco de la tarde y de nueve a once de la noche de lunes a viernes. Total, que solapando eso con mi jornada laboral y de cuidado de mi churumbel, se reduce a que para poder hacer todo lo demás tengo que ir de siete y media a ocho y media. Hay que joderse (lo siento, el próximo post seré buena y no diré tacos). Pero bueno, ya puestos, a mí lo que me joroba de levantarme por la mañana es que suene el despertador. Si suena a las ocho o a las siete ya me da bastante igual. Lo malo es que tengo que vestirme y desayunar en plan sigiloso para no despertar a mis hombres, que aún duermen a pierna suelta.

De momento ha sido todo un éxito, llevo una semana apuntada y he ido dos veces, que es lo que me propongo como media semanal.

El primer día fue muy bueno. Me presenté allí con toda la energía del mundo y la risueña recepcionista, al verme cara de novata porque no tenía ni pajolera idea de como acceder a la piscina me dejó en evidencia en un minuto: "¡Buenos días! Es la primera vez, ¿no?". Y yo: "Sí, ¡me apunté el miércoles!". Que se note el entusiasmo, sí señor. Y sigo: "Por cierto, ¿dónde están las toallas?". Y la chica me dice: "¿No has traído? No las damos nosotros...". Chascazo del quince. En el otro gimnasio en el que estuve apuntada hace mil años sí las daban...Pero claro, este es municipal. Te cascan el mismo sablazo a la cuenta corriente, pero sin toallas...La chica, muy comprensiva, me dijo que ellos alquilaban unas, pero tamaño toalla de manos (vaya tontería, ya puestos podrían ser tamaño XL). Por no volver a casa me quedé con una, pero claro, no llevaba pasta (había cogido lo justo para nadar), y la chica me dijo: "Pues necesitas un euro para la taquilla". Segundo chascazo. Menos mal que la muchacha era un sol y me prestó una monedita y la toalla de la Señorita Pepis...Y todavía hubo un tercer chascazo, porque tampoco dan jabón (estos municipales...). Me indicó el camino y lo demás fue bastante rodado. Sólo habían dos de los cinco carriles ocupados y pude nadar mientras veía por los enormes ventanales como salía el sol.
Para salir hice el panoli otra vez. Yo es que tengo complejo de novata. Debe ser eso, o sino no me lo explico...Pues eso, al salir, como el vestuario es algo laberíntico, di con una puerta que no me sonaba que fuese la que había usado para entrar (además ponía "Salida de emergencia"), y me puse a dar vueltas buscando otra. A la tercera vuelta ya vi que era esa porque no había otra (ya podría haber preguntado, pero me daba corte, tonterías mías). Como noté la mirada curiosa de algunas mujeres en mi circuito por el vestuario, puse expresión de estar buscando algo, como si me hubiese dejado un pendiente o que sé yo en algún lugar y no lo encontrase y por eso estuviese dando la vuelta al ruedo por la zona. Al final salí muy digna, como si en ningún momento de mi vida hubiese dudado que ésa era la salida.

Hoy ha sido el segundo día y ya he ido en plan veterana. Que yo ya sé que tengo que llevar toalla, ¿eh? Y que me he traído el euro, no te creas. Incluso jaboncito.

Lo que he aprendido hoy es la interacción con otros usuarios. El otro día estaba prácticamente sola, pero hoy al llegar estaban todos los carriles ocupados excepto el rápido. Me he metido en mi carril preferido (sí, sólo he ido una vez, pero ya tengo mi carril preferido, el de siempre, vamos) y había un hombre corpulento. Le he saludado con la cabeza y lo he animado a seguir, porque quería ver qué ritmo llevaba. Después de dos piscinas me he dado cuenta de mi error. Su volumen era tan grande que al coincidir en el trayecto, del agua que arrojaba a cada brazada yo me hundía por el tsunami que se me venía encima (es que yo nado de espaldas, que me han dicho que es mejor para lo mío). Total, que el hombre al cabo de dos minutos me dice: "Como el carril rápido está libre, me voy allí, ¿vale?". Y yo: "Vale". Que no sé a qué viene tanta explicación...Después, casi cuando me iba, ha venido una chica y me dice:"Compartimos el carril, ¿vale?". Y yo: "Vale". Pues eso, que se ve que no estoy nada puesta en el protocolo natatorio. Ya iré practicando.

Lo bueno de hoy es que había "Aquatono", es decir, sesión de meneo en el agua para un grupito de veinte abuelitas, y la musiquilla marchosa que han puesto ha hecho que cruzase la piscina a la velocidad del rayo. Bueno, todo lo rayo que puedo ser yo nadando de espaldas.

En fin, que ya no soy una novata.


lunes, 22 de octubre de 2012

Cavilando


Llevo unos días pensando, y pensando...En general me gusta pensar, me entretiene y a veces incluso pienso cosas interesantes. Pero en otras ocasiones entro en un círculo vicioso y deja de ser divertido. Ahora estoy un poco en ese plan, aunque como hoy está saliendo el sol y por fin se me ha ido la regla, intuyo que los aires de tristeza que me han invadido estos días pronto se evaporarán.
Un día leí que un maestro zen decía que para estar en paz y tranquilo hay que conseguir no pensar (igual ya lo he explicado alguna vez, porque me impresionó el tema). Yo he intentado poner en "off" la vocecilla interna que me acompaña, pero es misión imposible. O sea que debo estar muy lejos de alcanzar el nirvana. Además, como ya he dicho, a mi me mola pensar. Creo que así un día tendré una idea maravillosa que me hará la vida más fácil (quien no se consuela...).

¿Y qué pienso? Pues un poco de todo. Últimamente le doy mucho al tema curro. Sin agobios, pero tratando de concretar qué quiero hacer con mi vida laboral (o más bien, dadas las circunstancias, qué puedo hacer). Como sé que de un día a otro me van a reducir horas, ergo sueldo, ergo ya me puedo buscar algo o no llego a fin de mes, se impone buscar alternativas. No voy a entrar en detalles porque es todo muy rollo pez que se come la cola y eso es lo que me cabrea, que no veo por dónde carajo cortarle la cola al puñetero pez.

También estoy algo nostálgica al ver lo rápido que crece Peque. Un clásico maternal donde los haya. Pero es que a medida que pasa el tiempo, más se acelera todo. Y me da pena, para qué negarlo. Si juntamos esto con el tema del curro, pues ya tenemos la mezcla explosiva: la conciliación. Caca de la vaca. A mí me gusta trabajar, me gusta pasar unas horas fuera de casa y desconectar un poco del mundo "madre". Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que si no necesitase ganar dinero, no me importaría nada aparcar mi carrera y dedicarme a criar a mi hijo. Sé que necesitaría algunas horillas para mí al día, pero el resto del tiempo lo invertiría gustosa en ver crecer a Peque y acompañarlo en la aventura. Dicen que hay niños con mamitis...pues yo tengo Pequeñitis, qué le vamos a hacer...

En fin, ha quedado todo un poco taciturno, pero sigo sintiéndome feliz. Además, he descubierto que llevo un tiempo de lo más resolutiva. Siempre he sido de las de aparcar la faena para el día siguiente, y últimamente me lo quito todo de encima de un plumazo. Básicamente, porque me pesa más saber que tengo algo pendiente por hacer, que hacerlo (treinta y cinco años para llegar a esta conclusión...¡cuando mi madre ya me lo decía con cinco!). Así estoy liquidando muchos temas que tenía pendientes, y es un gustazo.

Espero que próximamente mi mente tenga a bien transitar por derroteros más lúdico-festivos. Más que nada, porque como ya decía mi madre, hay que ocuparse, no preocuparse. Y no quiero que pasen otros treinta años para darme cuenta de que tenía razón.

¡Feliz semana!

miércoles, 17 de octubre de 2012

Aventuras en el zoo: Me pareció ver un lindo gatito

El camino hacia el zoo era el ideal para empezar el día de buen humor: un trayecto de casi tres kilómetros de distancia por un carril para bicis que bordeaba el Mississippi . Durante el recorrido habían dos garitas custodiadas por agentes de seguridad que controlaban el paso de coches desde la carretera paralela a mi camino hasta las empresas que habían a orillas del río. Los guardas me saludaban, y se convirtieron en una especie de simpáticos compañeros de viaje.

P., la chica que me precedió en la estancia, me acompañó los primeros días para hacerme de cicerone. Antes de entrar me dijo: "Sobre todo, has de ser muuuuy educada, saluda siempre a todo el mundo con un "buenos días", da las gracias y ofrécete a ayudar cada vez que surja la oportunidad...y despídete adecuadamente de cada una de las personas con las que te cruces". A mí en casa ya se me ha enseñado a ser correcta en las formas, pero pronto me di cuenta de lo que quería decir P. En mi tierra, cuando ya entras en una rutina y conoces a la gente, te olvidas un poco de los formalismos, y allí eso no estaba bien visto. Al principio me resultó un tanto empalagoso, pero acabé cogiéndole el gusto.

Ese mismo día me presentaron a la Dra. E, la otra veterinaria del zoo, y con la que más tiempo tendría que pasar. Hablaba a toda mecha, y entendía la mitad de lo que decía (yo entraba en estrés absoluto cuando estaba con ella: pupilas dilatadas, cerebro echando humo y concentración a tope para no meter demasiado la gamba). Sólo me llevaba unos años y se notaba que era seria y formal, pero llegamos a llevarnos bien. Ella me enseñó el hospital. Y el hospital...Madre mía, nunca he visto nada igual. Unas instalaciones impresionantes: sala de curas tamaño XXL para poder atender desde un colibrí hasta un gorila (con grúa en el techo incluida para poder cargar animales pesados y anestesiados), quirófano último modelo con todo el equipamiento que uno pueda soñar, jaulas de hospitalización de todos los tamaños, laboratorio... En fin, una pasada. Las puertas poseían un sistema de seguridad y yo tenía que llevar una llavecita conmigo para poder desplazarme de un lado a otro.

La Dra. E me dio una hoja y me explicó que cada mañana tendría una copia para mí con el trabajo de la jornada. Ese día, nuestro primer paciente sería "Tom". Me acompañaron a buscar el uniforme y la identificación y me citaron en el hospital una vez estuviese lista. Y yo preguntándome...: "¿Quién será Tom?" Pues mi primer amiguito en el zoo fue un calao precioso. Lamentablemente, tenía un tumor agresivo en el pico (un carcinoma de células escamosas, para más señas), tumor que sufren muchos individuos de su especie, probablemente por efecto de las radiaciones solares. Él era uno de los pocos que estaba sobrellevando el tratamiento como un jabato. Por esa razón pusieron mucho empeño en salvarlo y conocer cuál era el mejor tratamiento para el cáncer que sufría (además el calao es una especie muy amenazada). Tom era un pajaroto enorme y de muy buen carácter. Le hicimos un chequeo completo porque al día siguiente lo operaban en la facultad de veterinaria de Baton Rouge. Yo estaba invitada a la cirugía y el Dr. B me explicó que nosotros llevaríamos una prótesis de titanio cedida desinteresadamente por el Hospital de Niños de Nueva Orleans para poder reconstruirle el pico, que se estaba fracturando por el cáncer.

La experiencia en Baton Rouge fue apasionante. Un hospital con todas las letras (vamos, que en la sala de emergencias habría esperado darme de morros con George Clooney en cualquier esquina si no hubiese sido porque allí se trataban bichos y no personas...). Lo mejor era que al ser veterinaria la gente me trataba con un respeto enorme. En EEUU, estudiar para ser médico de bichos es tan sumamente difícil que te consideran una especie de eminencia (eso sí, yo miraba con expresión circunspecta y no abría la boca para no delatar mi ignorancia sobre muchas de las cosas que hablaban). Esos viajecillos con el Dr. B fueron de los más entretenidos. Él se encargó de proporcionarme información curiosa y variopinta. Me explicó que Baton Rouge recibía ese nombre por los bastones rojos con calaveras que los indios ponían a lo largo del río Mississippi para alertar a los europeos que estaban allí colonizando a sus anchas de que su presencia era non grata. En esa misma conversación se dedicó a detallarme lo entrañable de la flora y fauna de la zona en la que iba a vivir. Me alertó de la picadura de los mosquitos tigre (en aquel entonces por aquí no había ni uno, ahora son como de la familia, los muy cabritos), pero no tanto por el picotazo en sí como por la enfermedad que podían transmitir: el virus del Nilo occidental (qué nombre más majo). El Dr. B es de esas personas a las que les encanta alarmar en medio de unas risas (póngasele acento mejicano): "Vete con cuidadito con el pinche mosquito, ¿oíste?, puede ser que no te pase nada, pero si te duele la cabeza y te mueves raro, vete rápido al médico, jajajaja...". Y yo acojoná perdía, no te jode...Después de eso me soltó: "¡Ah! Y también has de evitar las arañas, aquí hay una chiquita y chingona que si te pica la mano te gangrena medio brazo, así que no me vayas abriendo cajones y metas la mano sin mirar, ¿ok?". Qué maravilla vivir en medio de la puñetera jungla, oye.

El resto de la semana me dediqué a acompañar a la Dra. E en exploraciones de rutina en animales sanos. Se les entrenaba para quedarse quietos durante el examen veterinario, ofrecer su mano, soportar pinchazos...Así, el día que se encontraban mal era más sencillo poder atenderles. Los orangutanes eran los más divertidos, estaban aprendiendo a silbar y yo me partía de risa con ellos. Los gorilas eran más farruquitos y la primera vez que fui no me dejaron entrar porque el macho espalda plateada se pudo gamberro al verme (no le gustaba la gente nueva...). Y un gorila cabreado da mucho, pero que mucho yuyu. Yo me enamoré de una lémur preciosa, blanca y negra, llamada Stella, que nos miraba pícara y curiosa mientras entrábamos en su recinto y que siempre estaba encantada de colaborar. Un amor de animal.

El último día de la semana, la Dra E me dijo que la tenía que acompañar a no sé dónde (sólo entendí algo de una fractura). Puse cara de póquer y muy dispuesta me lancé a recoger el maletín de curas y me subí al cochecito (nos desplazábamos por el zoo con uno de esos vehículos que llevan los que juegan a golf). Llegamos al recinto y no lo identifiqué. Cuando vas por un zoo como visitante tienes tus cartelitos monos con dibujos de jirafas, hipopótamos, etc., pero circulando por el backstage sólo supe orientarme con el tiempo. Total, que llegamos, la Dra. E saludó a la cuidadora y entró en la sala hablando relajadamente con la otra mujer. Yo las seguí chino chano y al cruzar la puerta casi me da un pasmo ahí mismo. A un metro y medio tenía a un colosal tigre blanco que se puso a rugir al verme entrar. Me arrapé a la pared que tenía a mi espalda y me quedé petrificada viendo los dientecitos del minino. La reja que nos separaba se me antojaba del todo escuálida, como de juguete, y no podía entender que esas dos mujeres estuvieran de palique mientras el primo hermano del león de la Metro me alborotaba el pelo con sus bramidos.

Distraídamente, la cuidadora sacó de una bolsa tres conejos (muertos, of course) y se los lanzó por una trampilla al macrogato, que los devoró en un segundo. El ruido que hizo aquel bicho al "saludarme" es de los que se recuerdan toda la vida. Profundo, cavernoso...acojonante. Caminé unos pasos para romper el hechizo de los ojos del tigre y me di de bruces con la jaula del jaguar negro. Qué bonito día para morir de un soponcio...

¿Y la fractura? Pues una de las crías de leopardo, que se había roto una pata hacía tiempo e íbamos a ver cómo seguía. Lo miramos desde fuera y parecía que andaba bastante bien, así que no fue necesario intervenir de ninguna manera.

Desde luego, trabajar en un zoo no es aburrido.

lunes, 15 de octubre de 2012

Recién horneaditos


No sé qué ocurre últimamente, ¡pero no dejo de recibir premios por todas partes! Me siento agradecidísima con todas vosotras, me sigue emocionando como el primer día que penséis en mí para repartir uno de estos galardones cibernéticos, pero no puedo dejar de estar de acuerdo con Matt en que hemos caído en un bucle y no dejamos de premiarnos con los mismas medallas unas a otras, rollo día de la marmota, jejeje...Yo propongo que las penitencias sean un pelín más lights -sobre todo para no saturaros con otro Neverending Post-  y que la lista de blogs a los que repartir también sea un algo más comedida (dos o tres en vez de quince, por ejemplo).

Bueno, dicho esto, hago una lista de los que me han llegado repes. No me gusta dejar de dar las gracias, manías que tiene una, así que...

Gracias a Netzi de Mi vida desde hoy  y a Lady Cobijo, de Desde mi rincón del mundo , por...









Gracias a Mama colibrí por...                            


Gracias a Amagic mother por...                                           





Gracias a Inma de Mi cucolinet por...   




Por último, Irene de Mis tortuguitas me pasa ¡dos premios que no tengo! ¡Muchas gracias! El primero es el "premio pirata" (aunque la temática filibustera no se la veo yo por ninguna parte...):




Ahora, adivinad la penitencia...¡Contar siete cosas sobre mí! Jajajaja...Me da la risa floja porque francamente, mi sección de peculiaridades se está haciendo eterna, tengo que vivir unos cinco añitos más para cargar reservas-barra-anécdotas. Pero venga, yo sigo intentándolo...

1. La música me da la vida. No le hago ascos a casi nada. Ahora mismo suena David Guetta  (selección musical bailonga que me ha pasado una de las nenas de Mr.X).

2. Donde se ponga una Voll Damm que se quite cualquier otra birra.

3. Aunque me refiero a Mr. X a veces como mi marido, aún no hemos formalizado nuestra relación. Estoy tratando de convencerlo para celebrar un fiestón después de que Trax me emocione con el relato de sus aventuras prenupciales, pero de momento no me hace mucho caso...

4. Si me cuesta conciliar el sueño me gusta imaginar que soy un águila y surco los cielos a toda velocidad.

5. Mr. X dice que soy levemente estrábica, yo no acabo de estar convencida (más defectos no, ¡por favor!).

6. Un sueño: nadar al lado de una ballena mastodóntica.

7. Si algún día tengo espacio, me compraré un torno de cerámica. Tiene que ser de lo más relajante.


Debería pasar el premio a cinco blogs, pero inspirada por Matt, voy a dejar que cualquiera que quiera tener la botellita pirata en casa, se sirva y se la adjudique. Es que últimamente he recirculado tantos premios que me vais a dejar de leer, que yo lo sé...;)

El segundo premio es este:

Y las normas son:

1. Indicar de qué blog partió el premio.

¡Hecho!


2. Los blogs que recojan el premio y quieran ser unidos a "BLOGS FUNDIDOS" deben pasar por el blog de origen (http://podemos-juntos.blogspot.com.es/) para ser apuntados en la lista de amigos fundidos, para ello tendrán que hacerse seguidores y dejar un comentario con la dirección de su blog.

A la que pueda me paso y cotilleo.

3. Se contestarán las preguntas que componen la palabra FÚNDETE.

4. Al pasar el premio a otro blog, se crearan unas nuevas preguntas con la palabra FÚNDETE.


Vale, las preguntas de Irene son...

Fin de semana perfecto...Pues tengo a la vista un par de ellos, uno con mis amiguitas blogueras y otros con mis amiguitas de toa la vida.

Una compañía perfecta...Mi familia y mis amigos (mascotas inclusive).

No toleras...Los gritos.

Disfraz perfecto...Tengo uno de Morticia Addams que me hizo mi abuela que es lo más.

Escribe como te gustaría llamarte...Pues he acabado queriendo mucho a mi nombre. Me quedo con él.

Tómate un refresco... ¿Cuál? Como dice Peque, Cocola.

Empieza un sueño... Me toca un pellizquito y monto una empresa que dé trabajo conciliador de verdad a muchas mamis y papis (empezando por la menda).



Ahora me toca a mí preguntar:

¿Firmas con garabato o se distingue tu nombre?

Un nombre de perro que te guste.

¿Nadas con gracilidad o eres del tipo floto-como-puedo?

¿Das la mano con firmeza o con fragilidad?

¿Eres supersticioso?

¿Te gusta el riesgo?

¿El mejor fin de año de tu vida fue...?



Y para ser coherente con lo que he ido diciendo, sólo el paso el premio a un blog (hala, se nota que ya estoy cansaica, jejeje). Se lo paso a...:


Amagic mother


Es uno de los últimos blogs de los que me he hecho seguidora y me parece una madre muy divertida con ganas de disfrutar de la vida. Eso merece un premio ;)



¡Feliz semana!