viernes, 12 de octubre de 2012
I love Balwadis
Vi esta iniciativa en el blog Siempre positiv@ (el que escribe la alpaca más cibernética del planeta), y no he podido resistirme a compartirlo y adherirme a la propuesta que nos hacen.
Podéis encontrar toda la información aquí y aquí. Básicamente, se trata de una campaña para financiar la educación de los niños y niñas que atienden a un balwadi (centro de educación preescolar en la India) durante un año. En concreto, el balwadi Tiger, que trabaja con la ONG Sonrisas de Bombay.
¿Qué hay que hacer? Pues muy facilito:
1. Explicar en un post por qué te unes a la iniciativa.
Tal y como describen en la página a la que os remito, la alternativa a la escolarización para estos pequeños es el trabajo (incluso antes de los seis años). Si con esta entrada puedo colaborar a que algunos niños se salven de ese destino me sentiré tremendamente feliz. Ser madre me ha hecho mucho más empática con el sufrimiento de las criaturas. Y un niño no debe trabajar. Debe estar con otros niños, jugar, ser feliz y descubrir el mundo.
2. Colocar el sello en el blog.
Ya veréis que es muy sencillo, yo ya lo he hecho.
3. Notificarlo a la web organizadora de la campaña.
¡Hecho!
Con 200 sellos conseguiremos el objetivo. ¡Animaos!
miércoles, 10 de octubre de 2012
Vamos a tu casa
Soy feliz. Sí, lo digo así, con todas sus letras, sin condicionamientos. Hay crisis, sí. Mi trabajo peligra, sí. Aún no me han dicho nada de la entrevista que hice (y no tengo muchas esperanzas puestas en ello), cierto. Mi economía no está nada boyante...pues como la mayoría de gente hoy día. Hace meses que no ceno fuera de casa, no puedo planear viajes con mi familia, no me compro ropa...Pero soy feliz. Porque tengo lo más importante. Eso no significa que sea una inconsciente y que no quiera luchar por un futuro mejor, pero estoy harta de que con tanta negatividad uno sólo pueda hablar de lo mal que van las cosas.
Hoy, casi dos años y medio después de que naciera mi Peque, sigo alucinando con mi niño. Tan rubio a pesar de que su madre sea bien morena, de ojos arrebatadores, divertido, cariñoso (y también cabezota, gritón y mandón). Miro a mi hijo y se me alegra el alma, a pesar de los pesares. Y miro a Mr. X, y se me alegra doblemente.
Hay muchas cosas que van bien en mi mundo. Por ejemplo, Peque ya no se queda llorando en la escuela, y eso me relaja muchísimo. Ha costado, bastante más que el año pasado. Al principio me quedé algo chafada con la profe que le ha tocado este año, no la conocía mucho y no sentí con ella la conexión que tuve con la maestra del curso pasado. Y ver a Peque llorar a diario y tirar de mí para volver a casa no ayudaba. Mr. X me decía: "Pues a mí me parece muy maja, dale tiempo, es que ha de atender a muchos niños". Es verdad, en la clase de Peque del año pasado eran diez, y ahora son veinte. Los días han dado la razón a Mr. X y cada vez me siento más a gusto con la profe. La veo cariñosa...¡y desbordada con tanto crío! Muchas veces me encantaría quedarme a jugar con ellos y echarle una mano. Nota mental: en la próxima vida, curraré con niños. Hay una nena que me encanta, siempre viene a hacerme peinados y yo le digo a Peque: "¿Ves, cariño? ¡A mami le gusta que la peinen!" (es cierto, me pirra que me toquen la cabeza), pero él a lo sumo se dedica a pasear sus motos por mi cuero cabelludo, no le pidas más. Como decía, esta semana Peque no ha llorado ningún día al dejarlo, se queda tranquilo jugando con sus compañeros. ¡Bien!
Más cosas buenas: este rubiales que tengo por hijo habla muchísimo, y me hipnotiza meterme en su mundo y ver la cosas a través de su prisma. Está claro que a la que pueda me pedirá una moto, porque cada vez que ve pasar a algún motorista, se queda quieto en la calle, lo ve marcharse y me dice: "Mamiii, ¡se va!". Y yo le pregunto: "¿A dónde?". Y él siempre me contesta: "A tu casa". El tema de los posesivos no lo domina. Si nos encontramos a niños de su cole durante un paseo, ellos van "a tu casa". Si nos despedimos de algún amigo, se va "a tu casa". Y así hasta todo el día. Le he insistido en el "tu", "su", etc. Pero el concepto no cuaja, qué le vamos a hacer. Cualquier día llego a casa y me encuentro al motero, los vecinos, el barrendero, veinte niños...
Por último, tengo que dejar constancia de que Peque está irremediablemente abocado a hablar igual de mal que su madre. Lo he dicho muchas veces, hablo fatal y Peque lo pilla. Yo pensaba que últimamente me estaba reconduciendo, pero ayer me quedó claro que nanai de la china. Estábamos cenando y a Peque se le escapó un trozo de comida que fue a parar al suelo. Crispó los puñitos, me miró furibundo y soltó: "¡¡Mecagoentó!!!". No tengo remedio...
Como no creo que mañana escriba, aprovecho para desearos un feliz fin de semana largo. ¡Y sed muy felices!
martes, 9 de octubre de 2012
Aventuras en el zoo: Volando voy
No me gusta viajar en avión. Siempre pienso que estoy a no sé cuantos miles de metros de altura del suelo en una mole de metal, y eso me pone nerviosa. Pero bueno, lo manejo como puedo y tampoco soy de montar pollos. El día que emprendí mi viaje a Nueva Orleans tenía que coger tres vuelos seguidos: Barcelona-Madrid, Madrid-Miami y Miami-Nueva Orleans. No quieres caldo: tres tazas.
Para poder viajar con un mínimo de comodidad mental decidí sedarme adecuadamente (nada del otro mundo, una Valeriana por aquí, un cachito de Valium por allá...). El primer vuelo fue tranquilo. El segundo, más o menos...Cuando faltaba poco para aterrizar en Miami pillamos turbulencias. No sé si sería por el Valium -fijo que sí-, pero me lo tomé con mucha serenidad, incluso cuando de un bajonazo del avión mi Coca-Cola quedó suspendida en el aire para emprender su propio vuelo hacia quién sabe dónde (lo vi a cámara lenta, aquí sí que se me notaba el colocón). Pero llegamos.
En Miami tuve que pasar la famosa aduana de los EEUU, que no sé que tendrán los que trabajan allí, pero te miran de una manera que te da la sensación de que eres el primero de la lista de "Los más buscados". Por lo menos en Miami no sufrí mucho con el idioma, casi todos me hablaban en español...El aduanero me miró con cara de pocos amigos -coñas las justas- y me preguntó para qué viajaba a los Estados Unidos, cuánto tiempo estaría...blablabla (para eso me podría haber ahorrado rellenar la tarjetita verde que me dieron en el avión cuestionándome si pretendía entrar droga en el país o si era una terrorista).
El aeropuerto de Miami me pareció un caos, con un funcionamiento totalmente distinto a los pocos auropuertos que había pisado hasta entonces. Cargando tres maletoncios y preguntando mil veces las cosas, logré llegar a mi siguiente enlace. Aquí el Valium ya había hecho su feliz viaje hasta mi vejiga y más allá, así que no me quedaba nada en vena...Subí al último avión y comencé a mirar a la gente. Me preguntaba si tenían pinta de ir a morir brevemente en un accidente aéreo, y concluí que no. Eso me dejo más tranquila (qué pasa, cada uno tiene sus métodos para encontrar la paz espiritual...).
Muchas horas después de haber empezado mi viaje, por fin divisaba el delta del Mississipi.
En el aeropuerto me esperaba el Dr. B, que nada más llegar me avasalló con información sobre lo que iba a tener que hacer los próximos días (así es él, habla y piensa como una ametralladora...). Pero no podía retener nada, su voz me llegaba desde un lugar muy recóndito mientras yo, sentada ya en el coche y cruzando la ciudad, iba observando los curiosos colores del atardecer; los pájaros, tan diferentes a los de mi tierra; los coches, enormes y pulidísimos, las casas...Todo me parecía distinto y excitante. Debo decir que siempre me he sentido muy atraída por los Estados Unidos como país (a pesar de pensar que como en mi casa no se vive en ningún lado). No sé si será porque he tragado mucha peli americana. Tanto ver toda esa vida en el cine, y ahora estaba en medio del meollo.
El Dr. B me llevó a la casa de C., la trabajadora del zoo que me alquiló una habitación. Era una mujer entrañable, pero sumamente esperpéntica. En esa época estaba flipada por las mariposas monarca. Tenía la casa llena de urnas con capullos y ejemplares que después liberaba. Además, era una de esas personas a las que el orden le da tres patadas, con lo que tuve que acostumbrarme a vivir en el caos (y la mierda, porque la pobre mujer tenía alergia a la escoba).
Llegué a Nueva Orleans en fin de semana, así que tuve un par de días para adaptarme al cambio y aguantar el jet lag. Por suerte coincidí los primeros días con una bióloga que había hecho la estancia antes que yo, y P., que así se llamaba, me explicó dónde comprar, cómo moverme por la ciudad y cómo relacionarme con la gente del zoo. La casa de C. era preciosa. La típica casita sureña de una planta y algo destartalada, con su porche y su mecedora. Mi habitación era enorme, con un ventilador de aspas en el techo y un cuarto de baño cagadito al de Psicosis.
Esos primeros días cierta dosis de nostalgia me invadió e intenté sobrellevarlo explorando el entorno. Me dieron una bicicleta y anduve arriba y abajo conociendo la zona. Esa bicicleta me proporcionó grandes momentos de gloria. Mira que llego a ser patosa con ciertas cosas...Y la bici es una de ellas. El suelo de mi barrio era muy irregular, llego de grietas y baches. Y eso no ayuda. Si un coche pretendía circular a mi lado yo tenía que pararme, porque era sí o sí que me lo comía. La gente me miraba raro cuando veía las filigranas que hacía para poder desplazarme. En fin...Por suerte el paseo valía la pena. La vegetación exuberante lo inundaba todo, los árboles crecían retorcidos y tupidos y las ardillas aparecían por cualquier rincón. Lo que me tenía loca era el puñetero Mississippi. Su recorrido en la ciudad es sinuoso y así no había quien se orientase. Me volvía majara para saber cómo volver a casa.
Al final, superé mis primeras cuarenta y ocho horas en los "lluesei" con un notable alto y me preparé para mi primer día en el zoo...
Para poder viajar con un mínimo de comodidad mental decidí sedarme adecuadamente (nada del otro mundo, una Valeriana por aquí, un cachito de Valium por allá...). El primer vuelo fue tranquilo. El segundo, más o menos...Cuando faltaba poco para aterrizar en Miami pillamos turbulencias. No sé si sería por el Valium -fijo que sí-, pero me lo tomé con mucha serenidad, incluso cuando de un bajonazo del avión mi Coca-Cola quedó suspendida en el aire para emprender su propio vuelo hacia quién sabe dónde (lo vi a cámara lenta, aquí sí que se me notaba el colocón). Pero llegamos.
En Miami tuve que pasar la famosa aduana de los EEUU, que no sé que tendrán los que trabajan allí, pero te miran de una manera que te da la sensación de que eres el primero de la lista de "Los más buscados". Por lo menos en Miami no sufrí mucho con el idioma, casi todos me hablaban en español...El aduanero me miró con cara de pocos amigos -coñas las justas- y me preguntó para qué viajaba a los Estados Unidos, cuánto tiempo estaría...blablabla (para eso me podría haber ahorrado rellenar la tarjetita verde que me dieron en el avión cuestionándome si pretendía entrar droga en el país o si era una terrorista).
El aeropuerto de Miami me pareció un caos, con un funcionamiento totalmente distinto a los pocos auropuertos que había pisado hasta entonces. Cargando tres maletoncios y preguntando mil veces las cosas, logré llegar a mi siguiente enlace. Aquí el Valium ya había hecho su feliz viaje hasta mi vejiga y más allá, así que no me quedaba nada en vena...Subí al último avión y comencé a mirar a la gente. Me preguntaba si tenían pinta de ir a morir brevemente en un accidente aéreo, y concluí que no. Eso me dejo más tranquila (qué pasa, cada uno tiene sus métodos para encontrar la paz espiritual...).
Muchas horas después de haber empezado mi viaje, por fin divisaba el delta del Mississipi.
En el aeropuerto me esperaba el Dr. B, que nada más llegar me avasalló con información sobre lo que iba a tener que hacer los próximos días (así es él, habla y piensa como una ametralladora...). Pero no podía retener nada, su voz me llegaba desde un lugar muy recóndito mientras yo, sentada ya en el coche y cruzando la ciudad, iba observando los curiosos colores del atardecer; los pájaros, tan diferentes a los de mi tierra; los coches, enormes y pulidísimos, las casas...Todo me parecía distinto y excitante. Debo decir que siempre me he sentido muy atraída por los Estados Unidos como país (a pesar de pensar que como en mi casa no se vive en ningún lado). No sé si será porque he tragado mucha peli americana. Tanto ver toda esa vida en el cine, y ahora estaba en medio del meollo.
El Dr. B me llevó a la casa de C., la trabajadora del zoo que me alquiló una habitación. Era una mujer entrañable, pero sumamente esperpéntica. En esa época estaba flipada por las mariposas monarca. Tenía la casa llena de urnas con capullos y ejemplares que después liberaba. Además, era una de esas personas a las que el orden le da tres patadas, con lo que tuve que acostumbrarme a vivir en el caos (y la mierda, porque la pobre mujer tenía alergia a la escoba).
Llegué a Nueva Orleans en fin de semana, así que tuve un par de días para adaptarme al cambio y aguantar el jet lag. Por suerte coincidí los primeros días con una bióloga que había hecho la estancia antes que yo, y P., que así se llamaba, me explicó dónde comprar, cómo moverme por la ciudad y cómo relacionarme con la gente del zoo. La casa de C. era preciosa. La típica casita sureña de una planta y algo destartalada, con su porche y su mecedora. Mi habitación era enorme, con un ventilador de aspas en el techo y un cuarto de baño cagadito al de Psicosis.
Esos primeros días cierta dosis de nostalgia me invadió e intenté sobrellevarlo explorando el entorno. Me dieron una bicicleta y anduve arriba y abajo conociendo la zona. Esa bicicleta me proporcionó grandes momentos de gloria. Mira que llego a ser patosa con ciertas cosas...Y la bici es una de ellas. El suelo de mi barrio era muy irregular, llego de grietas y baches. Y eso no ayuda. Si un coche pretendía circular a mi lado yo tenía que pararme, porque era sí o sí que me lo comía. La gente me miraba raro cuando veía las filigranas que hacía para poder desplazarme. En fin...Por suerte el paseo valía la pena. La vegetación exuberante lo inundaba todo, los árboles crecían retorcidos y tupidos y las ardillas aparecían por cualquier rincón. Lo que me tenía loca era el puñetero Mississippi. Su recorrido en la ciudad es sinuoso y así no había quien se orientase. Me volvía majara para saber cómo volver a casa.
Al final, superé mis primeras cuarenta y ocho horas en los "lluesei" con un notable alto y me preparé para mi primer día en el zoo...
domingo, 7 de octubre de 2012
Sin dormirse en los laureles
Eso me decía siempre mi abuela cuando sacaba buenas notas: "Está muy bien preciosa, pero no te duermas en los laureles". Como he recibido sobredosis de premios estos días, eso es lo primero que me ha venido a la cabeza al verme tan laureada...Pero vamos a lo que vamos, oséase, a la presentación en sociedad de mis últimos galardones...
Elena, de Aventuras desde Dublin , me pasa el premio más loco de la blogosfera:
A Elena la sigo hace poquito, pero sus peripecias en la verde Irlanda me acercan a un país que siempre me ha parecido hermoso y mágico, y eso es todo un privilegio (así que ya sabéis, ¡a pegarse un garbeo por su blog!). ¡Muchas gracias Elena!
Como ya lo recibí y pasé en su día, no lo recirculo.
Yo misma, de Tres amores y un millón de aficiones me pasa la maravillosa cestita que creó Carmen. Creo que es la tercera vez que me llega (sí, soy una afortunada, ¡lo sé!), pero aún así me encanta volver a poner su imagen:
¡Mil gracias Yo misma! Os recomiendo que os paséis por su blog, tiene en marcha un concurso de lo más sanote, aunque aquí la menda no se lo está currando mucho por participar, ejem..(no sigáis mi ejemplo, ¡a pensar recetas sabrosonas!).
Pero es que resulta que no sólo me lo ha condedido Matt; Drew, de Viviendo en mi nube azul también ha pensado en servidora para tan gran honor. ¡Miles de gracias guapetona! Mi sister está de cumpleaños, ¡así que espero que ya os hayáis pasado por su nube para felicitarla!
Las normas del premio son las siguientes:
1) Agradecer al blog que te lo ha dado.
2) Compartir siete cosas sobre ti para que tus seguidores te conozcan un poco mejor.
3) Repartir el premio a otros 15 blogs que sigas habitualmente y enlazarlos.
4) Comentar en los blogs premiados para comunicarles que han recibido este premio.
Ya os lo he dicho antes, pero...¡many thanks, Matt y Drew!
Siete cosas sobre mí...Ya no sé qué contar...(menos mal que son sólo siete y no treinta...aunque todo llegará, tiempo al tiempo...):
1. De adolescente escribía cuentos romanticones por encargo a mis amigas (ellas me decían cuál era el objeto de su deseo y yo me ponía manos a la obra, recuerdo uno en especial con Kurt Russell como prota).
2. Últimamente "he salido un poco del amario" con respecto al blog. Le he explicado a más gente de mi círculo de amigos que lo escribo (aunque sigo sin querer perder del todo el anonimato, así me siento más cómoda).
3. El otro día, enseñándole a Peque papeles y fotos viejas, encontré un acertijo que en teoría inventó Einstein. Por lo visto dijo que sólo un 2% de la población lo sabría resolver. Yo en su día me piqué y me puse a buscar la solución y di con ella. Debo decir que no soy ninguna superdotada. Desde mi punto de vista no es más que una especie de Sudoku, pero con palabras en vez de números (o sea, un mero juego de lógica). Sólo se trata de paciencia, y de eso ando bien servida. Al encontrar el papel me pregunté si sería capaz de repetir la hazaña, y sí, no he perdido mis facultades (de lo cual me alegro enormemente). Si tenéis ganas de darle al coco, aquí encontraréis el acertijo.
4. Sueño con cierta regularidad que puedo volar. Son sueños muy vívidos, y "sé" perfectamente lo que se siente al elevarse del suelo. En la mayoría de ocasiones el único truco (según mi onírica mente) está en la respiración.
5. Creo que "Grease" es la película que he visto en más ocasiones (¿cuarenta?, ¿cincuenta veces?).
6. No tengo ni pajolera idea de mecanografía, pero aún así escribo bastante rápido en el teclado.
7. En la próxima jornada de Bloggers and Family, voy a alojar a dos estupendísimas blogueras en mi casa, ¡y ya tengo muchas ganas de que llegue el día!
Aquí van mis ojomeneados (¡quince nada menos!):
1. Carmen de La Gallina Pintadita.
2. Inma de Mi Cucolinet.
3. Madi de Entre apuntes y pañales.
4. Alpaca de Siempre positiv@.
5. Princesa Fol de Historias de un príncipe y cuatro princesas.
6. Irene de Mis tortuguitas.
7. Suu de Construyendo una familia.
8. La madre novata de 39 semanas y.
9. Colo de Buceando en mí.
10. Batallitas de mamá.
11. Mamá de Parrulin y Xoubiña.
12. Rocío de De lluvias y paraguas.
13. Madre desesperada de Blog de una madre desesperada.
14. London de La maternidad by London.
15. Teresavet de Etología Familiar.
La artífice de ello no es otra que nuestra querida Álter, de Plagiando a mi álter ego.
¡Muchas gracias, Álter! (la conocéis, ¿verdad?, es la que nos destripa los anuncios pesadillescos, acepta sugerencias temáticas para sus entradas y tiene como coautor del blog a su gato...).
No voy a pasar el premio de nuevo, pero Álter nos ha hecho unas preguntas muy canallas que voy a tratar de responder:
1) ¿Quiénes somos?
Un curioso tejido de átomos.
2) ¿De dónde venimos?
Los demás no sé, yo ahora mismo vengo de la habitación donde duermen tranquilamente Peque y Mr. X.
3) ¿A dónde vamos?
Pues eso, lo de extrapolar a toda la humanidad lo veo chungo. Yo dentro de nada me voy a preparar el desayuno de mi pequeño hombrecito.
Vida como la entendemos a este lado, no. "Existencia" de alguna otra manera, me gusta pensar que sí.
5) ¿Existe la reencarnación?
Ya me gustaría a mí saberlo (por si acaso me voy preparando la próxima vida siendo muy buena en esta, al menos que en alguna existencia me toque la lotería, pofavó).
Tengo un momento de clarividencia: sí.
7) Si pudieras inventar un sabor de helado, ¿cuál sería?
El sabor mutante. Que tú empiezas queriendo helado de fresa, pero al cabo de un rato ya estás hasta el gorro y te apetece de plátano. Pues nada, el sabor mutante se adapta a tus caprichos a cada lametón.
8) ¿Qué prohibirías por ley?
Algo que ya dije una vez que me saca de quicio: el borderío gratuito.
9) ¿Te gusta conducir?
No, es una de mis asignaturas pendientes, superar el canguelis de coger el coche.
No, es una de mis asignaturas pendientes, superar el canguelis de coger el coche.
10) ¿Qué te gusta más del lugar en el que vives? (puede ser la ciudad, el país o tu casa, al gusto)
De mi casa, el rincón al lado de la ventana (lo disfruto poco, pero me llena de buen rollo); de mi barrio, la tranquilidad y de mi ciudad, poder ver el mar a diario.
De mi casa, el rincón al lado de la ventana (lo disfruto poco, pero me llena de buen rollo); de mi barrio, la tranquilidad y de mi ciudad, poder ver el mar a diario.
11) ¿Te parezco una cabrona por las pregunticas que he formulado? No mientas…
Pues sí (¡me lo has puesto a huevo!). Pero con amor, ¿eh?
Pues sí (¡me lo has puesto a huevo!). Pero con amor, ¿eh?
Et voilà. ¡Feliz Domingo!
jueves, 4 de octubre de 2012
Verde que te quiero verde
Ayer, por un mal alineamiento planetario, no me iba nada bien ir al súper a comprar. Sólo me faltaban un par de cosas y Mr. X se ofreció a ir él a por el avituallamiento. Tenía mis reticencias, pero opté por darle un voto de confianza. En general prefiero ir yo, porque me ciño a la lista (con lo que evito comprar guarradillas hipercalóricas varias y gastarme más euros de los planeados) y porque así me aseguro de que compro exactamente lo que quiero. Mi lista decía claramente: bróquil y gazpacho. Peque lleva unos días con bastante estreñimiento, y he decidido incluir más verdura en su dieta (como a mí no me mola mucho, no me lo curro como debería, mala madre, más que mala madre). Antes de irme a currar, instruí -inútilmente- a Mr. X con detenimiento en los misterios de la horticultura ("bróquil, mi amor, no brócoli, ¿eh?") para que no se me equivocase de vegetal.
A media mañana Mr. X me envía un mensaje: "Me he olvidado del gazpacho". Genial, lo envío a por dos cosas, y se olvida una. Es que...(bueno, vale, va, admito que en general es bastante apañao, pobrecito mío). Al llegar al mediodía a casa, abrí la nevera con curiosidad y...¿qué me encontré? Un hermoso y verdote brócoli. Vale, que el bróquil y él son primos hermanos, pero es que a mí el brócoli no me gusta. Y ayer Peque y yo cenábamos juntos, así que mi plan era comer lo mismo.
Nota aclaratoria (que sé que más de uno se confunde). Bróquil:
Brócoli:
Hice de tripas corazón y decidí cocinar mi estupendo brócoli de la forma más apetitosa posible. Mientras lo limpiaba vi una cosita diminuta entre sus ramas, la rasqué con el cuchillo preguntándome :"¿Es? ¿No es?" y sí, era un gusanito (lamentablemente cercenado por mi exploración cuchillo en mano). Qué asquito...Si ya tenía pocas ganas de comérmelo, mi apetencia por la verdura en cuestión descendió bajo cero. "Bueno -me decía- no tienen porqué haber más habitantes, lo voy a limpiar y cocinar bien y listos". Pero aquello hacía chup-chup en el cazo y la imagen del gusanito mutilado me taladraba la sesera. Guardé el resto de brócoli en la nevera y vi que otro invertebrado amigo pululaba por la pared de mi frigorífico. Y pensé: "A ver, Peque aún no sabe lo que es un gusano en la comida, si lo encuentra igual ni lo identifica...y si se lo come, son proteínas al fin y al cabo...Decidido, el brócoli pal niño". Una vez cocido le hice la autopsia para asegurarme de que no tenías más polizontes y lo preparé salteado con mantequilla y orégano (mira, Yo misma, ya tienes tu receta, jajaja).
Pero no hubo éxito en la gesta. Peque se comió el pescadito a la plancha, pinchó un cacho verdura, lo escupió y me dijo: "Qué asco…¡come mamá!". Claro y meridiano, este niño ha salido a su madre. Y yo, para dar un magnífico ejemplo a mi vástago le dije: "Sí, cariño, luego se lo come mami", mientras esperaba un despiste de mi churumbel para correr a la cocina y deshacerme del cuerpo del delito.
Nota mental: No dejar a Mr. X hacer la compra.
martes, 2 de octubre de 2012
Aventuras en el Zoo: Preparando el viaje
Echando la vista hacia atrás, es curioso ver cómo un momento concreto de tu vida ha sido determinante para gestar una ilusión y emprender un periplo alucinante.
En este caso, el momento fue un seminario de la asignatura de medicina de animales exóticos. Como buena amante de los animales, siempre he disfrutado con los reportajes sobre leones, elefantes, jirafas y gorilas. Y como buena veterinaria, los documentales sobre colegas de profesión que ejercen en reservas y zoológicos del mundo entero siempre me han enganchado.
Mi idea romántica de la veterinaria era irme a África y ejercer en alguna de esas reservas.
El caso es que como en la Facultad de mi ciudad mucho bicho salvaje no se ve, decidí apuntarme a esa asignatura para familiarizarme un poco con la medicina de animales raritos.
Vuelvo al seminario. No recuerdo sobre qué trataba, pero el profesor nos dijo que teníamos un invitado de lujo, un veterinario del Zoo de Nueva Orleans. Allí, sobre la tarima, se nos presentó el que a partir de ahora llamaré Dr. B. Medio gringo, medio mejicano, el barbudo Dr. B me tuvo las dos horas que duraba el seminario atrapada con su charla. Nada de peroratas aburridas sobre la enfermedad X... El Dr. B se trajo un Power Point alucinante con fotos de casos clínicos de los animales que atendía en el zoo y nos animó a participar preguntándonos qué creíamos que era aquello que provocaba ceguera en la gacela, o porqué mermaba el pico de aquel loro extravagante...Absorta me tenía.
Cuando finalizó la sesión me inventé una pregunta absurda para asaltarlo y charlar un rato más con él (en concreto, creo que le pregunté sobre los antídotos para serpientes venenosas, aunque en esos momentos poco me imaginaba que tan sólo unos añitos más tarde tendría que conocer a la perfección los protocolos de uso de antitoxinas al tener que atender a una sibilante mamba verde...). Él me dijo que rastrease información en un buscador relativamente nuevo de la red que iba muy bien para temas médicos (sí, amiguitos, me estaba hablando de Google, que por aquel entonces aún estaba en pañales).
Ahí quedó la cosa.
Un tiempo después, mi aventurera amiga E (veterinaria también), tras una estancia en un país centroamericano decidió aprovechar el tiempo y volar a Nueva Orleans. Como la experiencia americana le trajo más de un quebradero de cabeza y no tenía contactos allí, le sugerí que se pusiese en contacto con el Dr. B. Él, que es muy majete, le dejó hacer prácticas en el zoo unas semanas y eso me sirvió de enlace para solicitar formalmente un "preceptorship" (o estancia) en el zoo.
Rellené montones de papeles y lo envié todo. La lista de espera era de casi dos años, así que viendo que aquello podía llegar en el momento menos oportuno, lo dejé de lado. Muchos meses después, cuando me quedaba una asignatura para acabar la carrera, consulté con el Dr. B cómo andaba mi solicitud y para mi sorpresa me dijo: "Ya tienes plaza asignada, te vienes en agosto". Faltaba medio año justo.
Llevaba años soñando con ese viaje. Iba a cruzarme el mundo yo sola. Iba a tener que hablar en un idioma que no dominaba y buscarme la vida sin la ayuda de mis padres, que siempre habían estado a mi lado para guiarme y echarme una mano. Previamente, incluso había soñado con encontrar al amor de vida allí, porque lo que es en mi tierra, pocos amoríos había tenido. Pero cosas de la vida, para tener más conocimientos de cara a la estancia, empecé a trabajar algunas horas en la clínica de Mr. X, y cuatro meses antes de irme, empezamos a salir juntos.
Recuerdo a la perfección el día que nos fuimos al aeropuerto. Mis padres y Mr. X me acompañaron. Cuando crucé el arco de seguridad, a pesar de la pena por dejar a mi recién estrenado churri y a mis padres con el moco colgando, la sensación de ser por fin la aventurera que siempre había querido ser me tenía exultante.
Destino: New Orleans.
lunes, 1 de octubre de 2012
De casta le viene al galgo
Es de suponer que teniendo padres veterinarios, Peque ha estado rodeado desde muy pequeñito por todo tipo de animales. Hemos alimentado a base de bien el buen rollo existente entre niños y bichos (aunque él tiene sus preferencias: no le entusiasma tocar tortugas, aunque le fascine observarlas y de momento muestra una clara predilección por los gatos).
Hace unos días, él me iba diciendo: "El papi...está trabajando. La mami...está trabajando". Yo estaba delante suyo, pero debe tener un poco de trauma porque cuando lo dejo en el cole le explico que mami y papi se van un rato a trabajar y vuelven, y siempre está con la misma cantinela. En una de esas, me miró con cara seria y me dijo: "El Peque...¡está trabajando!". Toda interesada le pregunté cuál era su trabajo y me suelta: "El Peque cura guaus y miaus". Ya la hemos cagao, nos va a salir veterinario...(o cantante-músico-bailarín, que el artisteo le va mucho).
La otra gran afición de Peque son los coches. Como para la mayoría de niños, imagino. Pero él ya se sabe las marcas mucho mejor que yo. Vamos por la calle y va enumerando: "Un Fod...un Toyota...un Volvagen...un Nissan...". A veces vamos en coche, y a toda velocidad nos pasa una furgo por delante y el suelta: "Miraaa, ¡un Mersedes!". Y me pregunto como carajo le da tiempo de verlo...¡Nunca se equivoca!. En eso ha salido al papi. Recuerdo que al principio de salir juntos, una noche en que había mucho tráfico y no había forma de avanzar, Mr. X me dijo: "Es que claro, ¡el del Seat de allí delante no se mueve!". Yo flipé, porque desde esa distancia era imposible ver la marca, y preguntándole cómo lo había identificado me dijo riendo: "Por los faros". Y sí, es capaz de reconocer cualquier tipo de coche (marca y modelo, faltaría más), sólo por la forma de las lucecitas. En fin...a mí me cuesta fichar nuestro coche ni teniéndolo delante. En una ocasión, mientras Mr. X aparcaba en doble fila yo bajé corriendo para comprar una cosa en una tienda y al volver me metí en otro vehículo. El conductor flipó, y yo me pegue una jartá de reír...(claro, ¡los dos coches eran plateados!).
El otro día, Peque soltó una de esas perlas que hay que guardar para el recuerdo, y que además, aunaba en la misma frase sus dos pasiones. Volvíamos del cole y justo delante de nuestro portal, una paloma campaba peligrosamente por la calzada. Peque la miró, comenzó a hacerle señas con los brazos y gritando le avisó: "¡Cuidado paloma! ¡Que viene un Mersedes!". Y la paloma se salvó.
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