lunes, 25 de junio de 2018

El rincón de las cosas bonitas



Esta semana ha estado en casa un amigo de Gran Canaria (que precisamente visitamos hace tres semanas, es una escapada exprés a esa isla que ya es el destino casi favorito de Peque –por delante va Mallorca-).

Su casa en Canarias es preciosa. Una antigua vaquería acondicionada como hogar, llena de grandes cristaleras, mucho espacio, y mucha luz. Además de veterinario, J es artista, y sus dibujos y esculturas se encuentran por todos los rincones, entre plantas frondosas y recuerdos de sus decenas de viajes por el mundo, en forma de caracolas, piedras, ramas, fotografías, máscaras tribales y demás objetos que se enredan en una perfecta anarquía.

Aunque yo suelo quejarme del caos de mi casa y de mi tremenda necesidad de minimalismo, cuando me paseo por la morada de nuestro amigo me encanta perderme en sus recodos y abstraerme ante cualquier pieza que capte mi atención, y que por su belleza o peculiaridad me inviten a imaginar qué historia esconde.

Una noche, mientras cenábamos, le decía yo a J que aspiro a espacios diáfanos lejos del barroco que actualmente define mi hogar, y J me hizo ver que en realidad lo que yo quiero es más sitio donde colocar todos esos enseres que atesoro para que por dilución no se vea tan abigarrado, pero que en conjunto sigan contando una historia. “Nada me gusta menos que una casa que no exprese las vidas de los que la habitan”. Algo así dijo, y me di cuenta de pronto de que estaba totalmente de acuerdo con él.

De hecho, hay un lugar especialmente recargado y heterogéneo en mi comedor que casi parece un altar. Antes sólo había unas velas y un florero, pero cuando Peque empezó a traerme sus obras de arte de la escuela, le dije: “ves a poner la figura al rincón de las cosas bonitas”. Y así quedó bautizado. Cuando se lo conté a J me dijo que era un título perfecto para un libro, y volví a coincidir con él. Tres velas, unas piedras de ya no recuerdo dónde, un cuadrito, flores de Sant Jordi hechas de papel, un caracol de plastilina fosilizada, un recipiente de barro, un pájaro de plástico, unos caramelos Pez con R2D2, una escultura inspirada en Miró, una foto de familia, un tren de madera con el nombre de Peque… Ese es nuestro rincón de las cosas bonitas.


8 comentarios:

  1. Me encanta!!! Como mola el rincón de las cosas bonitas.

    Que tal por mi islita. Por lo que cuentas muy bien. La casa de tu amigo debe ser casi mágica!!!

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    1. Adoro tu isla, muy mucho!! Nos flipó el museo de Elder, nos bañamos, comimos bien, paseamos... Un lujazo! La casa de nuestro amigo es una pasada, me tiene enamorada. <3
      Muas!

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  2. Volvemos a estar en sintonía, yo ahora le estoy dando vueltas a la decoración (algo que me agobia muchísimo) y lo único que tengo claro es que quiero que haya muchos rincones de cosas bonitas! ><

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    1. A mí también me agobia la decoración, porque no tengo una habilidad innata para saber dónde y cómo poner las cosas, arrrrg!
      Estoy totalmente convencida de que en vuestra casa habrán un montón de rincones de las cosas bonitas!!! <3
      Besototes!

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  3. Mi casa está llena de cosas, mis paredes siempre están llenas. Hermoso y apropiado nombre: "el rincón de las cosas bonitas".

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    1. Tenemos casas bien vividas, entonces! <3
      Muas!

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  4. yo tengo una obsesion por el orden y me privo de lucir algun rincon de las cosas bonitas, lo tomare en cuenta y tal ves me decido a dejar que las cosas lindas luzcan a todo lo que debe ser. saludos.

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    1. Lo del orden también me tiene obsesionada, no te creas, pero dejar que en algunas partes de la casa se acumulen objetos a los que les tenemos estima le da un aire al que definitivamente no quiero renunciar. Y eso no quita que ese rincón esté ordenadito a su manera, jajajajaja!
      Besotes!

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