Lo cierto es que en las reuniones sociales saca su lado gentleman, el Mr. Hyde de turno lo reserva para casa (bueno, y para el cole también un poquito, que en la reunión de curso con su profe nos dejó claro que el chaval tiene lo que sutilmente se llama "mucho genio"... pero en general su maestra está muy contenta con él, sólo espera que vaya aprendiendo a dominar sus emociones negativas).
Ayer Peque se levantó de mala luna, que decimos por aquí. Y el tío se desgañitaba a berridos y malos modos cuando las cosas no salían como él quería. Yo tengo bastantes kilotones de paciencia, pero Mr. X anda escasito y las hermanas de Peque, en plena racha de exámenes, tampoco estaban por la labor. Sola ante el peligro, vamos. En uno de sus accesos de ira le dio por aguantar la respiración y ponerse rojo como un tomate (cosa que hacía su padre por diversión de pequeño, por cierto) y le dije que parase o se le reventarían todas las venas de la cara. El tío frenó de golpe y me miró alucinado. Igual soy un poco gore con mis advertencias, pero es que estaba color berenjena...
Dado no hay nada como una buena siesta reparadora, lo metí en la cama para que cargase pilas, y la táctica funcionó, porque por la tarde su carácter mejoró un setenta por ciento (el cien por cien hubiese sido un milagro). Me pidió que hiciésemos algún experimento y me puse a pensar. Primero probamos con la espectacular combinación de vinagre y bicarbonato para inflar un globo (lo aprendí de pequeña para una tarea de la escuela y me flipó) y como teníamos más globitos para jugar quise probar un truco que aprendí en el blog de Caminem plegats. Fiasco absoluto. Primero porque hice fatal el agujero en la botella. Segundo porque los globos que tenía eran de esos tan duros que parece que te vas a perforar los tímpanos al inflarlos... Yo no paraba de soplar y Peque me dijo:
-"¡Para mami! ¡Que se te van a romper las antenas!".
¿Eh? ¿Antenas yo? Me palpé el pelo buscando alteraciones que justificasen el comentario y Peque repitió su advertencia con preocupación. Indagué sobre la cuestión preguntándole qué antenas eran esas y contestó:
-"Si mami, ¡las que se rompen si haces fuerza!".
Acabáramos, ahí lo entendí, que Peque ha asimilado que lo que tiene uno en la jeta no son venas, sino antenas. De toda la vida del señor, por supuesto... Una vez resuelta la confusión, dimos por finalizada nuestra sesión de experimentos caseros antes de que me saliesen otros apéndices extraños por el resto del cuerpo.
PS: Gracias a Trax, Cloe, la mamá de una monita y su familia, Alpaca, la mami de las tortuguitas y Yaiza por una tarde estupenda. ¡¡Que vivan las desvirtualizaciones!!