Yo, hace quince días, llamando a LA tienda, para pedir cita y probarme vestiditos sabrosones de novia:
-"Es para saber si puedo venir mañana...".
La dependienta: "Uy, mañana está lleno, ya tendría que ser para dentro de una semana...".
Yo: "Bueno, no hay problema, falta mucho tiempo para la boda, es en verano".
Ella: "Ya...pues la verdad es que no es mucho tiempo. Venga, te doy hora para el sábado y lo hablamos".
Colgué el teléfono con un temblorcillo sospechoso y canturreando como una psicópata mi mantra: no estoy estresada-no estoy estresada-no estoy estresada (algo debe funcionar, digo yo).
El día D a la hora H me presenté en la tienda T acompañada de las dos hijas de Mr. X y de mi amiga T. En aras de mi anonimato y esas cosas, no voy a hacer publicidad de la tienda, pero vaya por delante que se la merecen y mucho. La chica que me atendió fue encantadora, exhibió una paciencia infinita ante las peculiares propuestas de la peque de Mr. X y me sacó todos los modelos habidos y por haber para que yo pudiese verme con cosas diferentes. Menudo momentazo cuando me hicieron subirme a una pequeña plataforma para ir ajustándome los vestidos con mis acompañantes de público selecto. Mi amiga A me preguntó si era como en
el programa de la tele. Creo que hace meses vi uno de refilón...y se parecía, pero a la española, que mola más. Eso sí, me hicieron calzar unos zapatos para ver el efecto final y yo, que tengo pies de liliputiense, podía bailar un mambo dentro de ellos. No todo puede ser perfecto...
En los días previos a la visita, había oído todo tipo de comentarios, tales como "no vayas con una idea muy fija porque te decepcionarás", "no te frustres si no te gusta ningún vestido, hay más tiendas", "cuando te pruebes EL vestido lo sabrás porque llorarás". Pues bien, lo cierto es que no ocurrió nada de eso.
Respecto al primer axioma, he de confesar que yo iba con una idea clara de vestido muy, muy sencillo y el que finalmente me enamoró no tenía absolutamente nada que ver. Ni por el escote, ni por los tirantes...nada.
Respecto al segundo, tenía mucha fe puesta en esta tienda y no me decepcionó ni una miajita. Si mi suegra opina como yo cuando vaya a ver el modelo que he elegido, no pienso devanarme los sesos buscando otras opciones.
Y lo de llorar...pues no lloré (mi amiga T sí, ¿eso cuenta?), pero al día siguiente me desperté con la imagen de la menda enfundada en mi fabulosísimo vestido de novia. Pa mí que eso vale los mismos puntos que llorar.
Creo que habemus vestido.