martes, 14 de febrero de 2012

Perspectivas

Con 10 años los bebés y los carritos para mí simplemente formaban parte del mobiliario urbano, igual que una farola o que un puesto de la lotería. Eran parte del escenario habitual. Mi instinto maternal se limitaba a cuidar de mis barriguitas, mis demás bebitos plasticosos (cómo te echo de menos, Tiritón...) y mis pequeños Ponis. Pero era algo moderado, mis juegos eran compartidos con los dibujos, el diseñar casas de plastilina y cartón (no sé como no he acabado arquitecta) y el escribir cuentos rarunos para mi edad (algún día igual os explico el argumento de un par que no veas...).

Con 15 años y la aparición estelar de mi amiga la menstruación fui consciente de que fisiológicamente mi cuerpo era apto para la procreación. Más bien mi madre se encargó de que no se me olvidase ni por un segundo, y entró en modo "mi niña va a saberlo todo sobre el sexo para que no le pase lo que a mí" y con tanta lección sobre la anticoncepción como que no me atraían muchos los bebitos. He de aclarar que mi madre estaba tremendamente orgullosa de haberme tenido, pero quedarse embarazada sin planearlo fue un batacazo, y eso se debía a la escasa información sexual que recibió de mis abuelos. Conclusión: desde bien pequeñita me adoctrinó en los misterios del sexo y la concepción, pero a la que mi cuerpo fue declarado competente para alojar un bebote, la información pasó a ser mucho más explícita. Y explícita es explícita.

Con 20 años, empecé a notar que los bebés llamaban mi atención de una forma distinta. Supongo que de forma primigenia mi instinto maternal comenzaba a hacer de las suyas por lo bajini. Cuando mi madre se paraba a hacerle cucamonas a un rorito, en vez de pensar que chocheaba y chasquear la lengua, me sentía irremediablemente atraída por los gorgoritos del bebito y comenzaba a hacer carotas como el resto de mujeres que se habían agolpado alrededor del pequeño individuo.

Con 25 años mi reloj se puso en marcha. Fue cuando conocí a Mr. X, y al poco de salir juntos y ver que eso iba en serio, noté que mis óvulos se rebelaban por madurar y encontrar un mini Mr. X. De pronto me descubrí girando el cuello para ver los bebés que pasaban en brazos de sus madres, fascinada por sus miradas y sus perfectas manos en miniatura. Y me vi sonriéndole a Mr. X con picardía.

Con 30 años supe que algún día sería madre, porque Mr. X me hizo saber que quería ser padre de nuevo conmigo. Nos dimos un plazo de tiempo para poder planearlo tranquilamente y cuando se acercó el momento crítico empecé a devorar toda la información que podía serme útil para concebir. Aprendí sobre ciclos, hormonas, días fértiles, días hábiles, temperaturas y la madre que los parió a todos juntos. Me quedaba mirando los carritos de los niños pensando qué modelo nos iría mejor a nosotros, o si me gustaría más llevarlo en mochila, o sí sería buena la mochila X o la Y...Y lo mismo con la habitación, la cuna, la lactancia...Total, cuando llega el momento de la verdad, tu miniyo es el que pone las normas y tú te adaptas lo mejor que puedes.

33 años. Llegó mi momento. Ya no era una idea, un sueño, un proyecto...Todo eso se concretaba en el bebé rubio y tranquilo que descansaba en mis brazos entre sorbo y sorbo de teta. Por fin era madre, y eso ya no lo cambia nadie. Ahora, cuando veo un bebé, no pienso sólo "Qué ricura!", sino que veo en sus gestos y miradas los de mi propio hijo. La empatía es total y absoluta. El amor por el cachorro humano debemos tenerlo grabado a fuego en el ADN, porque el instinto de protección que me despierta cualquier niño es enorme. Y ser madre lo magnifica más allá de cualquier razonamiento. Si antes, al saber por las noticias del sufrimiento de un niño, padecía por él desde un punto de vista "racional", ahora que soy madre me duele horrores lo que hasta hace unos años podía contemplar con cierta distancia. Ya no hay distancia que valga. El día que nació mi hijo, nació en mí una nueva forma de ver la vida que me acompañará hasta el mismo día en que me muera.

28 comentarios:

  1. Me ha gustado muchísimo esa evolución personal en el plano maternal, genial, lo has expresado febomenal, gracias por compartirlo con nosotras. A siempre me gustaron los niños tenía un sentimiento maternal muy desarrollado y eso que era medio chico de pequeña. Eso si tengo que decir que el empujón definitivo me lo dio Jose cuando me propuso lanzarnos! Muchos besitos y me ha encantado. Como cambia la vida y la forma de verla y sentirla después de ser mama eh!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, María, me hace feliz que te haya gustado tanto! Un besito!

      Eliminar
  2. Pues yo nunca tuve instinto maternal. Como a los 28, me llegó de golpe y porrazo. Guardabosques quería niños desde hacía mucho, así que nos pusimos a ello.
    Y lo del instinto de protección a lo bestia es verdad. Ya no puedo ver series policíacas si las víctimas son niños. Ese capítulo me lo tengo que saltar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de proteger a la cría es brutal. No soy nada belicosa, no me gusta la violencia para nada, pero creo que si intuyo que alguien puede hacerle algo a mi hijo no respondo de mí...Besos!

      Eliminar
  3. Qué bonito Mo y tienes razón en lo del reloj, cuando se pone en marcha, no hay razonamiento lógico que lo pare, es instinto en estado puro. Ays...yo quieroooooo. Un besito gordo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues el día que te decidas vas a ser una madre estupenda, seguro! Besitos!

      Eliminar
    2. Uy!!yo ya me decidí hace tiempo. Ahora sólo falta emborrachar a Medio Limón ;) Un besito.

      Eliminar
    3. Los chicos a veces se hacen un poquito de rogar (¡dímelo a mí!). Suerte en tu misión con Medio Limón! Muas!

      Eliminar
  4. Que bonita esta entrada, me encanta como escribes! Tienes mucha razón, ser madre te cambia por completo
    Un besazo

    ResponderEliminar
  5. ay Mo!! qué bonito lo cuentas!! tiene que ser una experiencia maravillosa, si lo dices tú y lo dicen todas, es así. gracias por compartirla conmigo.

    un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todas las madres decimos lo mismo, ¿verdad? Jajajaja! Será por algo! Besos!

      Eliminar
  6. ¡Vaya, Mo...! Me siento muy identificada con toda tu evolución...sobre todo, en la empatía que te producen los sentimientos de los niños ajenos...¡no puedo ver ni una sola película en la que aparezcan niños sufriendo!; lo paso realmente mal.
    Un abrazo fuerte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buff, yo hace poco tuve que cambiar de canal por esa misma razón...Y con las noticias ni te cuento...Un beso!

      Eliminar
  7. A mi también se me activó el reloj con 25, será la edad? Me ha encantado, a ver si yo tengo un final tan bueno :-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sister, estoy segura de que tu final será igual de bueno!!! Sure! Muas!

      Eliminar
  8. Qué bonita entrada y resumen de tu reloj biológico!
    A mi me gustaron los niños desde siempre, pero mi instinto verdadero se despertó a eso de los 25 o 26, aunque estaba soltera, jejej
    Un besito.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Veo que coincidimos con Drew en los 25! Será que los genes se nos alteran a esa edad! Besos!!

      Eliminar
  9. Yo tardé más con el reloj biológico, con 25 estaba yo de picaflor de la vida, de amoríos y desamoríos, de amigas y salidas y entradas...pasándolo como una enana.....
    y si, estoy de acuerdo contigo en que cuando eres madre ves todos los críos desde otro punto de vista...con todo el amor....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo tenía alma de picaflor, pero lo del ligoteo se me daba fatal, jajaja!
      No me imaginaba yo que la sensibilidad de una pudiese aumentar tanto...pero sí, como dices, miro a los niños con todo el amor del mundo. Besote!

      Eliminar
  10. UY desde que soy madre no puedo ver ni una serie de tv en que salga un niño pasándolo mal!! Que ya sé que es ficción, pero ¡qué mal rato!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Veo que somos unas cuantas con el mismo síndrome! Se pasa fatal...(y a mí que me pirran las pelis de intríngulis y policíacas...). Un beso!

      Eliminar
  11. Pues yo la verdad que no he sido muy niñera nunca....sabía que quería ser madre, pero no de total convicción, no sé!....y los niños me gustan, pero nunca había desarrollado esa necesidad....sin embargo, ahora....siento lo mismo que tú....ya no ves con distancia las cosas, ahora te implicas mucho más!!!

    Yo veo a un niñ@ y me quedo boba, viendo sus reacciones, su actitud.....y si ya es más pequeño que Vega, me entra la melancolía...¡quiero otro bebé!...jajaja......esto es en momentos de locura transitoria, porque luego pensándolo fríamente digo ¡pero si no puedo con una, qué haría si tuviese otro!

    Me ha encantado tu entrada de hoy!!
    Un besazoooo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo tampoco he sido de las niñeras de toda la vida. De hecho, de adolescente mis amigas estaban en un "esplai" (un centro de actividades extraescolares para niños) y yo cuando iba a verlas no sabía cómo comportarme con los críos...¡Lo que han cambiado las cosas!
      ¡Un besote!

      Eliminar
  12. Mo, guapa,... te dejé un juego en mi blog...¡¡a jugar!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Uiuiuiiii, un juego??? Me voy pa verlo! Muas!

      Eliminar
  13. Que bonita evolución!
    En mi caso aunque siempre me gustaron los niños, no sentí el reloj biológico hasta que nació mi sobri pequeña (con 34 años) antes, sentía que tenía tantas cosas por hacer y por vivir! como no tenía una relación demasiado estable creí que finalmente no sería made pero a los 36 conocía papito y ahí cambió todo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aix, si cuando una conoce al hombre de su vida se revoluciona todo! Un besito guapa!

      Eliminar