Tal día como hoy, hace dos años ya, apartaba la vergüenza y las excusas de mi vida y me lanzaba a la aventura bloguera.
Durante este tiempo el blog ha ido evolucionando. A veces necesito hablar de Peque, otras de mis aventuras con los bichos, en ocasiones de las cosas que me preocupan...pero me sorprende comprobar que las entradas que me hacen sentir más a gusto son aquellas en las hablo desde el humor y la ironía...¡quién lo hubiera dicho!
He estado a punto de aparcar este espacio en más de una ocasión y por diferentes motivos, pero me doy cuenta de que estoy enganchada a esto, y a decir verdad, me parece un vicio de lo más estimulante (y el único que no me importa no abandonar).
Como se suele decir por estos lares, lo que hace que este cuaderno de bitácora digital tenga vida son las personas que están al otro lado de la pantalla, las que te leen, las que interactúan a diario, las que te comentan (o no), las que te escriben y las que acaban convirtiéndose en tu gente.
Hoy me apetece celebrar que un día comencé este idilio con la red. Y sobre todo, quiero daros las gracias a cada uno de los que leáis estas líneas. A ti, a ti, y a ti. A todos. ¡Gracias!
Me iba a despedir ya, pero me ha venido una cosa a la cabeza...y qué le vamos a hacer, lo podéis considerar un "bonus track" de la entrada. Encajaría mejor en mi sección "A la cama no te irás...", pero bueno. Hace un par de noches, cenando en muy buena compañía (e incorporando gramos de lozanía a mi robusto cuerpo, que anda que no me he puesto jamona estas vacaciones...), mi amiga A me dijo: "¿Sabes que no se puede doblar una hoja de papel por la mitad más de nueve veces?". Y a mí, que falta que me piquen con un reto semejante para que me ponga manos a la obra, ya me veis pillando folios de distintos tamaños y texturas para conseguir transgredir la norma. Esto es como lo de intentar lamerse el codo, es decirte que no puedes conseguir algo para que te lances a hacerlo...En fin, que no, que no pude, y aún me dura el cabreo. A ver cuántos picáis...
¡Feliz lunes!