viernes, 4 de noviembre de 2016

Hay un bar…


… al lado de mi trabajo, que me tiene el corazón robado.

Cuando dejo a Peque en el cole dispongo de cuarenta y cinco minutos sólo para mí. Cuarenta y cinco minutos sagrados en los que puedo hacer lo que quiera (un lujo que las madres apreciamos como caviar ruso). Antes me sentaba en una plaza a leer, pero cuando el frío comenzaba a apretar no me quedaba otra que entrar antes en el curro. No había descubierto aún un rincón que me encandilase para pasar ese tiempo sacrosanto. Hace un par de años abrieron EL bar, probé y desde entonces forma parte de mi rutina.

Los camareros me conocen, los saludo al entrar -casi siempre soy la primera- y no hace falta que añada nada más. Cinco minutos más tarde depositan un humeante té verde al lado de mi libro electrónico, compañero inseparable de fatigas.

Hay un asiento que suelo preferir, pero no soy maniática, existen alternativas sugerentes si algún cliente madrugador decide usurpar mi trono.

Los muebles son antiguos, de madera. Hay una gramola y otros cachivaches con solera, y la música siempre me resulta acertada, logrando incluso mutar mi estado de ánimo y llevarlo a parajes más seductores. Jazz de Nueva Orleans, cantos africanos, canciones en árabe, rock de los cincuenta, música folk o simplemente cantantes que no conozco y que se quedan en mi horizonte para ser explorados.

Hoy pensaba mientras le daba vueltas al té con la cucharilla y agitaba el pie al son de esa canción* que Halloween me ha hecho meditar, más si cabe, sobre la muerte, tan presente en mi vida (y en un sentido más bien positivo, dado que hace que saboree cada instante como único e irrepetible). Pasan los años, crecen los achaques, y el envejecer es palpable. Y la muerte, más o menos rápido -¡quién lo sabe!- se acerca. Recuerdo que cuando el padre de Mr. X estaba en sus últimas semanas de vida dijo algo como: “Así que morirse es esto...”. Me pareció revelador. Cada cosa nueva que hacemos y conquistamos se viste de la misma sensación de descubrimiento. Y la muerte no debe ser diferente, imagino.

Me gusta mi vida. Con sus cosas buenas y no tan buenas (como dice Matt, todo el mundo tiene su ración de mierda, cómo me mola esa teoría colega). Me encanta disfrutar del té verde por la mañana, del rato en autobús con Peque, de los besos de Mr. X, de las conversaciones "vamos a arreglar el mundo" con mis amigas, de salir del gimnasio después de nadar y notar una ligereza reparadora en el caminar, de apreciar como un catarro se va y respiro mejor, de descubrir por la primera página que un libro me va a encantar, de comer rollitos de primavera que he preparado yo y de beber una buena copa de Ribera.

Cuando mi madre enfermó justo cuando mi padre se había jubilado e iban a emprender una nueva etapa juntos, muchos dijeron:”Qué pena, ahora que podían disfrutar de la vida…”. Y no señores, mis padres tenían la lección bien aprendida. La vida se disfruta aquí y ahora y cada vez que te da un respiro. Sin más. Así que… a disfrutar.

*Esta canción:









                      







22 comentarios:

  1. Yo todavía no he encontrado el bar perfecto y por favor hago una petición popular la receta de los rollitos de primavera!!!! me gusta leerte un beso
    PD. DIGO EN SERIO LO DE LOS ROLLITOS

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    1. Jajajajaja! Pues mira, yo hago una receta del blog Living las vegans que me encanta: http://livinglasvegans.com/rollitos-primavera aunque como no somos veganos pongo pollo en vez de soja texturizada :) Buenísimos! Ya me dirás si te animas!
      Muas!

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  2. Qué razón...

    Me ha encantado el post, sobre todo la copa de Ribera.

    Sé que te debo un guasap porque lo que vi me encantó, pero vivo al límite jaja ya sabes, cosas de madres.

    Besos

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    1. Tranquila mujer, me lo imagino perfectamente, jajajaja! Si te gustó, ya me haces feliz.
      Besotes!

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  3. Qué cierto. Y qué bien suenan esos 45 minutos antes del trabajo.

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  4. Pues es una muy buena filosofía de vida, que me costó, pero también sigo desde hace un tiempo y mucho más en esta etapa.
    La vida, sin llegar a perderla, te da un giro inesperado de un momento a otro.
    Hay que aprender a disfrutar de cada momento!
    Un besote!

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    1. Pues sí, vale la pena disfrutar cada segundo mientras está a nuestro alcance. Y tú ahora especialmente! <3
      Besototes!

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  5. Esos 45 minutos son la gloria. Ese ratin en un sitio así es para empezar a trabajar con una sonrisa bien gorda.

    Abrazos!

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    1. La verdad es que ayuda a empezar con buen pie, jejejeje...
      Muas!

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  6. Me encanta. Sabia reflexión, hay que disfrutar del momento y de tantas pequeñas cosas que recibimos cada día. Esto vuela, así que mejor aprovecharlo bien.
    Un beso

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    1. Vaya si vuela Matt... cada vez más rápido!
      Besotes!

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    2. Por cierto, me ha encantado recordar la entrada con mi teoría!! Fue de las primeras. Gracias por la mención

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    3. Siempre la tengo en mente, me parece un resumen brutal y del todo gráfico de la realidad. XD
      Muas!

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  7. Cierto...hay que disfrutar cada instante.
    Qué bien que hayas encontrado ese espacio con ese tiempo exclusivo para ti, energía extra antes de entrar a currar ;-)

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    1. Sí, minutitos de oro puro, jejejeje...
      Muas!

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  8. no tengo un bar de cabecera, pero sí un rato en el que tomo el café, miro por la ventana y veo a la gente ocupada en sus cosas. a veces me dan envidia y a veces agradezco no tener que estar en sus zapatos y poder seguir mirándolos ^^

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    1. Lo importante es tener ese ratito, lo bien que va... <3
      Besotes!

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  9. Totalmente!!! No se porqué no se puede disfrutar de la vida trabajando... Yo creo que la vida tiene cosas buenas y no tan buenas, pero SIEMPRE ha que disfrutar.

    Feliz día!

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  10. Totalmente de acuerdo.
    Y qué suerte haber encontrado ese pequeño refugio en forma de bar.
    besos

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    1. Sí, es un sitio con mucho encanto :)
      Besotes!

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